¿Por qué deberíamos ocuparnos con el anticristo, cuando sin duda es de mucha mayor importancia el acoger lo suficientemente profundo el mensaje del Evangelio y el transmitirlo?
No hay cuestión; lo segundo es lo esencial y lo primordial. Pero, para la persona que vive en el seguimiento de Cristo, existe algo como una responsabilidad profética. Ésta no sólo se refiere a la vigilancia en la propia vida, sino que es un servicio hacia los fieles y hacia toda la humanidad.
Lamentablemente deberemos contar con que muchos intentos de engañar a la gente precederán y acompañarán la venida de un anticristo; lo cual ya pudimos observar en las propagandas del régimen comunista y del imperio nacional-socialista.
Los engaños más sutiles del anticristo serán probablemente difíciles de reconocer.
Aunque el don del „discernimiento de los espíritus“ esté en el „equipaje básico“ de toda persona que escucha a Dios y de manera especial de aquellos que conocen la voz de Jesús (1); la confusión que sembrará el anticristo parece ser de un tipo que no será percibido por todos.
Para ello se necesitará de la añadidura de un don especial del discernimiento de los espíritus; un percibir y diferenciar más finamente entre el espíritu divino, el humano y el satánico. El hecho de que estos distintos espíritus frecuentemente influencien y actúen sobre una misma persona simultáneamente dificulta esta diferenciación. Se añade además el hecho de que Satanás es capaz de disfrazarse de „ ángel de la luz“ (2). Precisamente ésto suponen muchos de los que se ocupan con la persona y el espíritu del anticristo.
La forma en que aparecerá el anticristo de hoy probablemente no será tan fácil de identificar como lo fue; por ejemplo, en los sistemas anticristianos del comunismo o del nacional- socialismo, o en el régimen de brutales emperadores romanos.
Por ello el servicio de Balta Lelija se convierte en una urgencia. Las personas creyentes y buscadoras deberán observar con mayor atención a este „espíritu anticristiano“ tan eficaz; así como todos aquellos que perciben los desarrollos negativos, pero ignoran su procedencia.


Una respuesta amplia a las crecientes amenazas procedentes de desarrollos anticristianos, solo podrá consistir en entrar en una confianza aún más profunda en la bondad de nuestro Padre Celestial y en fortalecer la fe. Entonces será posible que, aunque enfrentemos sucesos de los fines de los tiempos, esperemos la venida de Jesús y sigamos la palabra del Evangelio de Lucas: „Cuando comience a suceder esto, tened ánimo y levantad la cabeza, porque está por llegaros la liberación».(3)

Este servicio mencionado no puede desembocar en un lamento general sobre los „malos tiempos“. Antes bien, deberá nombrar claramente las cosas en amor y verdad e invitar a resistir al mal en Dios y al lado de Dios y a servir al reino de los cielos con fuerte decisión.
No por último habrá que defender también el honor de Dios, pues no existe nadie que desee disturbar más la verdadera imagen y la relación íntima con el creador que aquellas fuerzas enemigas de Él y de los hombres (4).

En los textos que seguirán; cuando se mencione al anticristo se hablará de aquel que aparecerá antes del advenimiento de Cristo. Si fuese así que apareciera pronto una nueva figura anticristiana, Dios mismo nos indicará si es éste el último o uno de sus precursores.
El presente texto sobre el anticristo no es ofrecido como un escrito ya plenamente acabado, sino como una serie de reflexiones, profundizaciones y actualizaciones que se dieron en un extenso periodo de tiempo. Queda abierto para añadiduras y correcciones.


(1) Jn. 10, 4-5
(2) 2. Cor. 11, 14
(3) Luc. 21, 28
(4) Gén. 3, 1-3




El testimonio de la Sagrada Escritura nos dice que antes de la segunda venida de Cristo aparecerá el “hijo de la perdición” (5).
Mucho se ha escrito y meditado sobre este „hijo de la perdición“. ¡Aparecen incluso listas enteras de nombres! Se extienden desde el emperador romano Nerón hasta personalidades actuales como por ejemplo el presidente norteamericano Barack Obama. Frecuentemente también el papado es situado en las cercanías del anticristo; otros en cambio ven en el islam una religión con rasgos anticristianos. Algunos opinan que el anticristo es sólo una figura legendaria; una expresión de la identificación general del mal.
Existen otros que denominan con este término solamente a la corriente espiritual que contradice a Cristo y a los valores cristianos.
Muchas de estas voces y suposiciones son serias, pero también algunas oscuras.
En el mundo actual de la música del rock y del pop uno puede toparse con formulaciones directas o indirectas sobre el anticristo y hay algunos intérpretes que parecen sentirse atraídos por poderes oscuros.
Una voz muy digna de crédito es la del pensador ruso Vladimir Solovievo (1853 -1900). En el año de su muerte sintió que debía escribir la “Corta narración sobre el anticristo”.
Es muy probable que el sacerdote católico inglés Robert Hugh Benson (1871-1914) conoció este libro. En su novela "Lord of the World" (El señor del mundo) describe de manera muy gráfica como el anticristo llega al poder y en el transcurso de su régimen se transforma en un sanguinario dictador, que persigue sobre todo a cristianos.


El escritor lituano Antanas Maceina (1908-1987) intenta, en su obra muy profunda “el misterio de la maldad” (publicado primeramente en idioma alemán), escribir una teología histórica sobre el opositor de Cristo. Su obra está escrita como una interpretación de la “Corta narración del anticristo” (Solovievo).
Estos tres libros, de manera especial los escritos de los dos europeos del este, contienen informaciones muy importantes de fondo.
Pero en el presente escrito también deberán encontrar lugar los testimonios de algunos padres de la iglesia y de otros autores; así como voces con rasgos proféticos que sean dignas de crédito. Serán tomadas en cuenta también afirmaciones actuales y, por supuesto, si Dios la regala, la propia intuición también influirá.
Las partes correspondientes de la Sagrada Escritura serán siempre la base de todas las reflexiones.

(5) véase 2. Tesalonicenses 2, 3-12




a) El anticristo, unido con poderes satánicos, buscará veneración divina para sí mismo.

Imitando a Cristo, engañará a los hombres. Debido a estar guiado por poderes satánicos, o incluso representar de cierta manera la “presencia carnal” de éstos, estará en sus profundidades constantemente concentrado en buscar honores divinos para sí mismo.
La tentación original del alto ángel, pervertido luego en un diablo, fue querer ser “como Dios”; aspirar su omnipotencia, pero sin su omnibondad. ¡Ya no quería servir, sino reinar él mismo!
En la historia de la tentación del nuevo testamento el diablo se acerca a Jesús y quiere ser adorado por él, a cambio de la promesa de ofrecerle él todos los “reinados de este mundo”(6). Ésta es también la dirección que tomará el anticristo, siendo él un instumentario de poderes antidivinos. Sabrá esconderla al principio, pero esta motivación estará presente en todas sus palabras y acciones.

b) El anticristo será un hombre caído muy profundamente bajo la influencia de Satanás.

Algunos autores van tan lejos en su imaginación, que suponen que, para imitar el nacimiento virginal de Jesús, el diablo se aparearía con una “prostituta” o virgen. Desde este punto de vista el anticristo sería una unión carnal de ángel y humano.
Pero la encarnación de Cristo como hijo de Dios y del hombre es un suceso divino tan singular, que difícilmente podrá ser imitado por una creatura. A pesar del gran poder de los seres satánicos el diablo no es omnipotente y solamente puede actuar dentro de los límites de su existencia como creatura.
Pero sí, como ángel posee un amplio conocimiento sobre las leyes y las posibilidades del cosmos. Por este motivo podrá engañar a los hombres con “milagros”.
Existe también la creencia de que el anticristo estará ya desde su infancia poseído por poderes diabólicos.
Según las imaginaciones de Solovievo el anticristo sabe de la existencia de Dios, pero no lo ama.
El escritor narra como el anticristo, al alcanzar la edad de Jesús, tiene una experiencia clave al alejarse de éste, negar su resurrección y al propagarse en él, en vez de la veneración que anteriormente daba a Dios fríamente y proveniente solo de la razón, un odio interior.
Sigue una gran desesperación, la cual el anticristo de Solovievo pretende apagar por medio del suicidio. En esta situación no entra Dios como redentor, sino su enemigo. Éste lo “redime” de las dudas que tenía acerca de si mismo con respecto a Jesús, no estando seguro si éste último podría ser más que su “precursor” y que talvez incluso debería adorarlo.
Ahora, en vez de hacer ésto, comienza la misión del anticristo y es dotado con la autoridad de poder que necesitará para su servicio. Aquella tentación al poder (o mejor dicho, al abuso del poder) que Jesús rechazó en el desierto, alcanza al anticristo, pues éste no adora a Dios, sino en lo más profundo
a sí mismo.


Este corto resumen de los pensamientos de Solovievo tiene muchos aspectos dignos de ser reflexionados. Si observamos; por ejemplo, la figura de Judas Iscariote, el discípulo de Jesús, no podemos suponer que éste desde el principio pretendía traicionar a su maestro. Al igual que los demás discípulos compartía la vida con Jesús, fue testigo de sus palabras y de los milagros que sucedían.
¿Cuándo comenzó a alejarse interiormente de Jesús? ¿Fue realmente así que Judas no amó a Jesús? ¿Esperaba algo distinto de su maestro? ¿Fue solamente la avaricia la motivación decisiva para la traición a su Señor, como lo dice primeramente el testimonio bíblico?
Todo esto no lo sabemos con exactitud. Pero sí está atestiguado que durante la última cena el diablo entró en él, después de que Jesús le había dado el pan. Fue el momento en que el diablo tomó posesión de Judas y consecuentemente éste cometió la traición que ya llevaba en su corazón (7). Sabemos que Judas, según la narración bíblica, no encontró un camino de vuelta a Jesús y que en su desesperación se tomó la vida.
Se puede compartir la versión de Solovievo; según la cual el anticristo vivió una especie de „conversión negativa; como un „traspaso de lo satánico en su interior“.
Cuando nos acordamos de lo que nos ha sido transmitido sobre la caída de los ángeles un pensamiento tal no parece estar tan lejos de la verdad. Podemos suponer que también los ángeles caídos vivieron primeramente en comunión con su creador.
Hay autores que presumen que la rebelión de los ángeles sucedió cuando Dios les comunicó que la segunda persona divina se haría hombre y tuviera una madre humana; la cual luego sería venerada como reina de los ángeles y de los hombres.
Sin duda los ángeles caídos saben de la existencia de Dios, pero no lo aman.
También en la historia bíblica de la caída humana en el pecado conocemos el suceso de una apartación, que por supuesto se dio bajo otras circunstancias que la caída de los ángeles. Vemos como el hombre originalmente vivió en comunión íntima con Dios; antes de que el tentador se acercara a él para introducirlo en la rebeldía contra el creador.
Aquí un pasaje bíblico sobre el anticristo; o mejor dicho, sobre los anticristos: „Esa gente salió de entre nosotros, pero no eran de los nuestros...“.
Este versículo nos hace suponer que el anticristo es una persona que se mueve o parcialmente se movía en el campo de la fe (8).
el cardenal Fulton Sheen de Nueva York dijo en una locución de radio en 1947 sobre el anticristo: „incluso hablará sobre Cristo y dirá que es el hombre más grande que jamás vivió...“

Esto dificulta mucho su identificación, pues podrá emplear una terminología religiosa, pero llenarla con un contenido distinto y engañar así a la gente también con sus conocimientos religiosos.Mt. 4, 8-9

(7) Jn. 13, 27
(8) 1. Jn. 2, 18-19

¡Continuará!



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