Audionovela

"En honor a Sta. Juana de Arco"


La audionovela ”En honor a Sta. Juana de Arco” está ambientada en la Guerra de los Cien Años, entre Inglaterra y Francia.
En tres partes se presenta la conmovedora vida y muerte de esta santa y heroína que, enviada por Dios, intervino en la historia de Francia y, por consiguiente, en la misma historia de Europa.
Su vida, su pasión y su cruel muerte despierta hasta hoy gran interés en muchas personas. Para unos es una santa angelical; para otros, una bruja con poderes demoníacos; y otros la consideran simplemente una feminista revolucionaria.
La audionovela procura incluir tanto los datos históricos, como también el carácter sobrenatural de la misión de la Doncella de Orleans.


25.01.2015: Parte 1: De Domrémy a Reims

25.01.2015: Parte 2: De Reims a Rouen

25.01.2015: Parte 3: Prisión y muerte


Textos de audionovela



Abuelo: Dime pequeña, ¿no puedes dormir?

Nieta: No, no sé porqué... ¡pero ahora que te veo se me ocurre una idea!

Abuelo: ¿Cierto? ¿Qué idea?

Nieta: ¡Qué tal si me cuentas una historia!

Abuelo: Pero mi amor, entonces mucho menos podrás dormir.

Nieta: No importa. Mañana no tengo clases y puedo dormir hasta tarde.
Me encantaría escuchar una bonita historia.

Abuelo: ¿Qué quieres que te cuente? ¿un cuento de hadas? ¡Hm... mejor no! ¿Un poema, o tal vez una hermosa historia de amor?

Nieta: ¡No, eso no! ¡Una historia real, algo que de verdad haya pasado!

Abuelo: Hm ¿quieres una historia de la vida real? Tengo una idea, pero esa historia es muy compleja.

Nieta: ¿Cuál es? ¿De quién se trata?

Abuelo: Bueno, pienso que tienes la edad suficiente para entenderla.

Nieta: ¡Abuelo, deja de hablar tanto y cuéntame la historia! ¡Si no me dices de quién se trata, nunca me voy a dormir; te lo juro!

Abuelo sonriendo: Bueno, bueno... Se trata de la historia de Santa Juana de Arco. Se la llama también la Doncella de Orleans. ¿Has escuchado algo sobre ella?

Nieta: Creo que no. Sólo su nombre se me hace conocido y sé que es de Francia. No sé nada más.

Abuelo: ¡Correcto! Pero ahora la vas a conocer. Es una de las historias más extraordinarias que jamás se ha escuchado.

Nieta: ¿Y es real?

Abuelo: ¡Pero por supuesto! Tal vez habrán pasajes que no entiendas todavía, pero escucha atentamente y llegará el día en que los comprenderás mejor.


Escena 2 y 3: historia introductoria y diálogo

Abuelo: Pon atención: nuestra heroína, Juana de Arco, nació el 6 de enero de 1412 en una pequeña aldea en Francia, llamada Domremy - eso queda en Lorraine. En ese entonces Francia se encontraba en la guerra de los cien años contra Inglaterra. ¡Fue un tiempo terrible! Grandes territorios quedaron desolados y los pobres franceses perdían una batalla tras otra...

Nieta: Abuelo, ¿y porqué los ingleses y franceses estaban en guerra?
Abuelo: Como tantas veces en la historia, también aquí la causa fue la lucha por el poder:
El último rey francés, Carlos IV, no había tenido descendientes masculinos y de este modo surgieron peleas entre varios partidos por el sucesor del trono. Debido a que la hermana del rey fallecido estaba casada con el rey inglés, los ingleses reclamaban el trono para ellos; mientras que los franceses insistían en que el primo del rey era el sucesor legítimo.
La situación se volvió aún más difícil, cuando en el interior de Francia se suscitó un conflicto sanguinario entre el partido de Orleans y los borgoñeses. Como consecuencia del conflicto, los borgoñeses se aliaron con los ingleses.
Pero Francia tenía ya un Dauphin.
Nieta: Abuelo, ¿qué es un Dau- Dauphin?

Abuelo: Dauphin se le llama a la persona que está destinada a ser rey. Es decir; un heredero que no ha sido coronado aún oficialmente.

Nieta: Ah... ¿y qué hizo ese Dau-Dauphin?

Abuelo: Al Dauphin ya no le quedaba nada por hacer. Porque en el año de 1427 toda la ciudad de Orleans estaba encerrada, y Carlos VII parecía estar dispuesto a abandondar sus territorios claves y retirase a las tierras que aún le quedaban - y eso hubiese significado, dejar Francia en manos de los ingleses.

Nieta: ¿y?

Abuelo: Ahora en esa situación desesperada aparece Juana de Arco. Dios la envía para auxiliar a Francia y al Dauphin Carlos VII. Una misión única, jamás encomendada ni antes ni después! Sólo imagínate: una jovencita de 17 años recibe una tarea tan extraordinaria de Dios, que esta historia conmueve a los que la escuchan hasta el día de hoy. Hay un sinnúmero de películas, libros, teatros etc - Casi no hay una historia mejor documentada que la de Juana de Arco.

Nieta: ¿Enviada por Dios? ¿De verdad?

Abuelo: Ella mismo lo afirmó así.

Nieta: ¿Cómo lo sabía?

Abuelo: Bueno, Juana atestigua que santos del cielo se le aparecieron; como por ejemplo Santa Catalina de Alejandría. (Hasta aquí repetió P.Giovanny )



Escena 4. Juana con Santa Catalina

Cantos: Juana sabe que sus santos la visitan.

Catalina: ¡Juana!

Juana: ¡Sí, mi amiga!

Catalina: Sabes que el Señor te está preparando para una misión que debes realizar por encargo suyo.

Juana Sí, lo sé, y me encantaría saber más sobre esta misión. Ya sé que tiene algo que ver con mi amada patria y nuestro rey. ¡Cuánto me gustaría aliviar a nuestro país tan sufrido! ¿Pero cómo? ¿Cuáles serán los planes de nuestro Dios?

Catalina: Lo sabrás cuando el tiempo haya venido. Pero una cosa te puedo decir: Sucederá ya muy pronto. Puedes agradecerle a Dios de rodillas porque se haya apiadado de Francia.

Juana: Sí, lo haré. ¡Qué toda la gloria sea dada a nuestro Señor!
Querida Catalina, dime tú... ¿que más puedo hacer? Me muero por hacer algo por nuestra pobre patria y su rey... cada vez me inquieto más. Todos los días sólo se pone peor y se escucha de tanta miseria. Francia está desolada y pronto los ingleses nos habrán arrebatado los últimos pedazos de tierra. ¡Ojalá el Señor intervenga pronto!

Catalina: Así será. ¡Ten paciencia hija mía; paciencia y confianza! Todo está a punto de comenzar; eso te lo puedo decir. ¡Reza con fervor y suplícale también a ella!

Juana: ¿A ella?

Catalina: ¡Sí, la dama a la que siempre llevas flores los Sábados!

Juana: Ah… me hablas de nuestra Madre: la virgen María; ¡con gusto lo haré!
Catalina, por favor dímelo, ¿crees que dentro de muy poco tiempo nuestro Señor me dirá con precisión lo que quiere de mí?

Catalina: ¡Juana, ten paciencia!

Otra vez canto

Juana monólogo: Catalina tiene razón... debo tener paciencia. ¡Qué hermosa como me ha ido acompañando hasta ahora! Se ha convertido en una verdadera amiga... y Margarita también.
Pero no se me hace fácil esperar, aún cuando sé que es solo el Señor el que decide la hora y el momento para obrar... ¿qué querrá hacer?
¡Oh Dios, salva a nuestra amada patria y ayuda al pobre rey!

Juana reza murmurando.



Arc. Escena 5, en la casa de la Familia de Arco

Madre: ¡Juanita!

Juana: ¡Sí!

Madre: ¡De prisa, ayúdame, que esperamos huéspedes!

Juana: ¿Quién viene, mamá?

Madre: No lo sé. Tu padre solamente ha dicho que venía a comer con un amigo.

Juana: ¡Tal vez él nos contará algo sobre la situación de nuestra patria!

Madre: Juana, ¡¿qué novedades esperas?! No hay un solo rayo de esperanza y nuestro Dauphin Carlos VII parece que no puede ayudarse ni a sí mismo ni mucho menos a su país. ¡Tal vez ya haya perdido todo su valor!
¡Cuánto espero una intervención divina! Pero Dios calla en estos años y permite toda esta miseria...

Juana, muy viva: ¡No, mamá! ¡Dios intervendrá; y muy pronto! Todo está por suceder, ¡te lo prometo!

Madre: ¿Dé dónde sabes eso, hija mía?

Juana: Ehm… eso es lo que todos esperamos, ¿no es verdad?

Madre: Sí, hija, pero igual: ¿porqué muestras tanto interés en ese tema tan crucial de la guerra? Recién tienes 17 años y por lo general las jóvenes de tu edad no piensan en tales cosas.

Juana: Sí mamá, pero yo amo a nuestra Francia. ¿No ves cuán terriblemente está sufriendo? ¡Dios tiene que apiadarse!

Madre: Tienes razón, hija mía. ¡Pídele a nuestro Señor que intervenga pronto! Yo sé que te gusta rezar mucho, Juanita.

Juana: Sí mamá. ¡Lo haré! Puedes estar segura.



Escena 6 Juana sola, después con Santa Catalina

Juana monólogo: Puh, par mon Martin ¡Uyuyuy, eso fue crítico!
Juana, ¡debes tener más cuidado! ¡Sabes que no puedes hablar con nadie sobre todo esto que te han dicho los santos; Dios debe poder confiar en ti!
Creo que todo está por suceder... ¡Cuánto me alegra que también Catalina habló de eso! Por una parte también tengo un poco de temor... pero si mi Señor me llama..
Será una verdadera despedida de mi aldea de Domremy, donde crecí; de mis padres, mis hermanos, mis amigos y mi amada iglesia. Pero si el Señor llama para servir al rey y a Francia, estoy dispuesta a dejarlo todo.

¡Mi vida ha cambiado tanto desde el día en que el Ángel se me apareció! ¡Nunca me olvidaré de él! Recuerdo que primeramente me asusté, pero a la final me hubiera gustado irme con él. ¡Qué agradecida estoy con Dios por haber visto al arcángel Miguel! - ¡y cómo me hablaba! ¡A mí, una niña de trece años! Tan amorosa y claramente... ¡Qué alegría! Y después me envió a las dos vírgenes para que me acompañaran... Me dijo que debía vivir con fe e ir por los caminos del Señor. ¡Espero que haya logrado hacerlo siempre, mi buen Dios! ¡Quiero servirte de todo corazón!

Canto

Santa Catalina:
¡Juana, la hora ha llegado! Dios ha escuchado misericordiosamente las oraciones de tu pueblo. Él intervendrá y salvará tu país. Lo hará a través de ti, hija de Dios. Para ello te ha preparado durante todos estos años y ahora serás enviada. Tendrás que dejar a tu pueblo, a tu familia. ¡Vete, hija amada de Dios! ¡Ve hacia el Dauphin Carlos VII a Chinon, pues éste debe ser coronado rey en Reims!
Pero antes de ello tienes que ir a Vaucouleurs, donde el comandante Robert de Baudricourt, para que te dé una escolta que te llevará al Dauphin. ¡Ve Juana, ve...; ha llegado tu tiempo! ¡Confía en todo al Señor!



Escena 7: Diálogo con el Abuelo y la nieta

Nieta: ¡Wow, Juana hablaba con el arcángel Miguel y Santa Catalina! ¡Eso debe ser hermoso! ¡Qué pena, a mi nunca se me aparecen!

Abuelo: A mí tampoco. Pienso que fue una gracia muy especial de Dios para Juana, a fin de que ella sea capaz de realizar su misión. Recuerda que te dije que era una historia muy especial.

Nieta: Juana dijo que dos vírgenes la acompañaban. ¿Quién era la otra, a parte de Catalina?

Abuelo: Fue Santa Margarita. A propósito de visiones: a veces Juana veía a muchos ángeles que acompañaban al arcángel Miguel. Tal vez recuerdes que fue él el primero que se le apareció y le habló. Luego fue principalmente Santa Catalina quien la instruía.
Se debe saber que el arcángel Miguel es el patrón de Francia; es decir, el primer protector de ese país. Viendo las cosas desde esta perspectiva celestial, no nos extraña que fuera él a quien Dios envió a llamar a Juana, puesto que la gran misión que ella debería llevar a cabo era socorrer a la Francia oprimida.

Santa Catalina en cambio fue una jovencita mártir que en su tiempo había logrado imponerse sobre cincuenta filósofos paganos, con fervorosas discusiones. Ellos habían querido persuadirla a abandonar la fe cristiana, pero sucedió lo contrario: al final ellos mismos se convirtieron al cristianismo gracias a la sabiduría de Catalina.

Un detalle más: en la iglesia de Domremy, donde Juana fue bautizada, había dos estatuas: una de Santa Catalina y otra de Santa Margarita.

Nieta: Entonces Dios quiso salvar a Francia a través de Juana. ¡¿Pero cómo, si a penas tenía 17 años?!

Abuelo: ¡Es cierto! Pero tú sabes: Para Dios...

Nieta: ¡Nada es imposible!


Escena 8: Vaucouleurs, Juana, Caballero Juan y Bertrand

Abuelo: Nuestra protagonista no dudó en utilizar la primera oportunidad que se le presentó, para ir a Vaucouleurs junto con su tío Laxart, para comenzar su misión. Lamentablemente el comandante a quien debía presentarse, no quiso escucharla. Es más: se burló de ella y quizo regresarla a casa con su tío. Pero no conocía la perseverancia de Juana, que no pensaba un segundo en abandonar su misión a penas iniciada. Con insistencia afirmaba ser enviada por el Señor de los cielos, para auxiliar a Carlos VII, liberar la ciudad de Orleans y llevar al Dauphin a la coronación.
A pesar de todo lo dicho, el comandante no se dejó convencer, hasta el momento en que Juana pronunció una profecía que luego llegó a cumplirse: anunció que el rey iba a perder una batalla importante. A partir de este instante el hombre cambió de idea, dándose cuenta de que en Juana había algo especial.
De este modo destinó a los caballeros Juan de Metz y Bertrand a que acompañen a Juana en su cabalgata a Chinon, donde residía el Dauphin.
El 23 de Febrero de 1429 salieron Juana y sus guardias de Vaucouleurs. Los habitantes la equiparon totalmente y desde ese momento comenzó a cargar vestimenta masculina.

Juana: “Con esta vestimenta los soldados tendrán menos deseo de mí y de este modo yo misma podré preservar mi virginidad en pensamientos y actos”

Abuelo: Y así fue... Muchos testigos afirman que Juana irradiaba una gran pureza; de tal modo que los hombres no sentían deseo por ella.
Juana dejaba impresiones muy profundas en las personas. Así también en los caballeros Juan de Metz y Bertrand que la acompañaban.



Caballero Juan de Metz:
Bertrand y yo dormíamos cada noche a su lado. Ella se acostaba con todo su ropaje puesto. A mí me infundía tanto respeto que jamás la hubiera deseado.
Yo creía en las palabras de la Doncella. Su amor a Dios y sus discursos me fascinaban. Además yo creía que era enviada por Dios. Le encantaba ir a Misa, jamás maldecía y cada vez que juraba hacía la señal de la cruz.


El Caballero Bertrand:
Fue una cabalgata peligrosa, pero Juana con buenas palabras nos animaba a que no tuviéramos miedo, porque una vez llegados a Chinon, el Dauphin nos recibiría amistosamente. Y les aseguro, sus palabaras me encendían, porque realmente me parecía enviada por Dios. Jamás vi el mínimo mal en ella. Era tan buena como una Santa...
Así llegamos sin grandes obstáculos a Chinon, donde residía el Dauphin... fue ahí donde presentamos a la corte del rey la Doncella.

Abuelo: después de once días o noches de cabalgata por tierras enemigas, Juana llegó con sus compañeros a Chinon, donde el 9 de Marzo de 1429 el Dauphin la recibió en una audiencia.



Escena 9: Juana y el rey, campesino Simion y la campesina Zabilleth

Dauphin Carlos VII: ¿Cuál es vuestro nombre?

Juana: Honrado Dauphin, yo soy Juana, llamada la Virgen. El rey del cielo os dice a través mío, que vos seréis ungido y coronado en Reims. ¡Seréis el Vicario del Rey celestial, que es el Señor de Francia!

Dauphin: ¡¿No sabéis en qué estado se encuentra nuestra patria?! En poco tiempo los ingleses y Borgoñeses nos habrán vencido y todo el país caerá en manos de nuestros enemigos.

Juana: ¡Por el Santo Arcángel Miguel: esto no sucederá jamás, mi Dauphin! ¿No es santa nuestra patria Francia? ¡Qué los ingleses regresen a su país! Y si no lo hacen voluntariamente, tendrá que ser a la fuerza.

Dauphin: (riéndose). Sois muy fervorosa Juana, pero nuestros enemigos no se irán por sí solos y con violencia no podemos echarlos. Eso ya lo hemos intentado y perdimos la mayoría de las batallas. Los soldados están cansados y ya no tienen valentía. ¿Cómo cambiar eso? Tampoco tú lo vas a lograr.

Juana: Mi Dauphin, yo no lo puedo cambiar, pero Dios lo quiere así y Él me ha enviado para realizarlo. Es la voluntad de Dios que vos gobernéis en Francia y seáis coronado rey en Reims. ¡Creedme y sucederá!

Dauphin: ¡¿Cómo creerte?! Pero tienes una mirada honesta y llamas en tus ojos. Me llegaron los rumores que tú eres la virgen prometida de Lothringen, que deberá salvar a Francia. ¿Es eso suficiente para confiar en ti?
Me gustaría creer que Dios intervendrá. Seguramente se han enviado muchas oraciones al cielo... ¿¡pero que la ayuda venga a través de ti, una jovencita tan sencilla!? ¿Quién puede creer eso?

Juana: ¡Es cierto! Pero Dios lo quiere hacer a través de una débil mujer, para que el honor sea todo suyo y para que todos sepan que es Dios quien ha salvado a nuestra patria.

Dauphin: ¡Esta es una sabia respuesta, Juana!

Juana: (exigiendo) Señor, entregad vuestro reinado al verdadero Señor Jesucristo, y Él os lo confiará!

Dauphin: Juana, me haces reflexionar. Cuéntame tu historia....

Abuelo: Y Juana comienza a contar sobre su familia, su niñez... y lo que no dice por humildad lo cuentan otros testigos que vivieron con ella.

El campesino Simion Musnier y la campesina Zabillet d´Epinal atestiguan:

Simion Musnier: Yo crecí con Juana, a la que le decían la “Doncella”. Yo habitaba cerca de la casa de su padre. Ciertamente les digo que yo sé cuán buena era, qué sencilla y piadosa. Ella veneraba a Dios y a sus santos. Frecuentemente y con mucho gusto iba a la iglesia y a los lugares sagrados, consolaba a los enfermos y compartía con los pobres. Eso lo viví yo mismo: cuando era pequeño y estaba mal, vino Juana para consolarme.

Zabillet: Juana se ocupaba amorosamente de los pobres. Es más, prefería dormir en la cocina para que ellos durmiesen en su cama...

Abuelo: Luego Juana contó cómo Dios iba entrando cada vez más en su vida. Relató al rey sobre las apariciones y cómo los Santos le hablaban de su misión que la trajo finalmente a Chinon. El Dauphin la escuchó atentamente, le hacía preguntas, escuchaba sus respuestas - a menudo muy sabias - y Juana le confío un mensaje de sus santos destinada exclusivamente para él. Carlos VII se dio cuenta de que la joven no era una impostora, ya que algunas cosas que ella le había dicho, solamente pudo haberlas sabido por inspiración divina.

Dauphin: Juana, comienzas a convencerme. Lo que dices no suena a fantasía. Tal vez es cierto que Dios te ha enviado... por poco y lo creo de verdad. Pero debo estar seguro. No puedo ser ingenuo. Tendrás que someterte a una prueba eclesial. Te mandaré al monasterio de Poitiers y esperaré su juicio sobre ti.

Abuelo: Juana no estaba nada contenta por esta decisión de Carlos VII. Temía perder tiempo valioso y obedeció con disgusto. ¿No había dado suficientes señales convincentes? ¿Porqué el rey aún dudaba, si había que actuar de inmediato y decididamente frente a esta situación tan desesperada y si Dios mismo estaba de parte suya?

La prueba duró tres semanas y los teólogos presentaron un testimonio positivo, no encontrando en ella otra cosa que humildad, virginidad, sencillez y seriedad.

De esta manera el Dauphin Carlos VII se confió a Juana y ésta pudo continuar con su misión.



Escena 10: Diálogo Abuelo y nieta

Nieta: Abuelo, ¡sabes que ya la comienzo a querer bastante a Juana!

Abuelo: ¿Quién no? Si uno conoce a Juana, ¡la llega a querer!

Nieta: ¿Entonces ella de verdad convenció al rey?
¡Qué bien que la haya escuchado! Dime una cosa abuelo... tal vez sea una cosa tonta, pero...

Abuelo: Tranquila, ¡dime lo que te inquieta!

Nieta: ¿Que pasaría si hoy apareciera alguien como Juana?

Abuelo: ¡Eso no es una pregunta tonta! Tienes toda la razón de preguntarte eso. Hoy no nos podríamos imaginar algo así, al menos no en Francia. Sin duda hoy una Juana jamás llegaría hasta el presidente francés.
Pero tu pregunta muestra algo muy importante: Aún si en ese tiempo algunos pensaban que Juana tal vez era exagerada o alucinada, no excluían la posibilidad de que Dios pudiera intervenir concretamente en una situación y que envíe a una persona en su propio nombre. Aparentemente en ese entonces era muy viva la conciencia de la presencia divina.

Gracias a Dios fue así… ¡sino no podría haber sucedido lo que se dio después!

Imagínate que Juana pidió un ejército completo para terminar con la ocupación de Orleans. También para aquella época este pedido era fuera de lo común.

Y si tenemos en cuenta que Juana tenía recién diecisiete años, que no podía ni leer ni escribir, que no sabía de las artes bélicas y humanamente no tenía ninguna condición que indicase que ella estaba capacitada para tal misión.
De verdad te digo que viendo su situación desde la perspectiva actual no sólo me parece un milagro que Dios la haya enviado, sino también el hecho de que haya sido acogida por el Rey y apoyada por la iglesia.

Nieta: ¡Sí abuelo, tienes razón!


Escena 11: Orleans

Abuelo: Desde el inicio de la misión de Juana comenzó a cambiar la situación de los franceses. Se puede decir que soplaban otros vientos. O mejor dicho: la presencia de la Doncella hacía evidente tanto para soldados como para generales, que Dios mismo estaba interviniendo en la situación a través de esta joven. No sólo el pueblo y los soldados, sino también muchos de los oficiales volvieron a tomar valor y creyeron en la misión de Juana.

Ella se propuso transformar a las tropas francesas en un “ejército de Dios”, que conscientemente debería luchar por Dios y por su patria.

Nieta: ¿Y cómo se hace un ejército de Dios?

Abuelo: Por ejemplo no toleraba que los soldados maldijeran, los llevaba a la confesión, a los sacramentos y ahuyentaba a las prostitutas. Muchos sacerdotes acompañaban al ejército, celebraban la Santa Misa y realizaban procesiones.
E imagínate: como canto de combate se entonaba el Himno “Veni Creator Spiritus”.
Juana siempre aseguraba a los soldados que estaban luchando por una causa justa de parte de Dios y de Francia y que por ello vencerían al enemigo.
Nieta: ¿Y los soldados estaban de acuerdo con eso?
Abuelo: Al igual que los caballeros Juan y Bertrand, estaban tan impresionados por su presencia, que se dejaron contagiar por la Santa y así la gracia de Dios pudo actuar en ellos fuertemente.
Además Juana no tenía ninguna obsesión por la guerra; se decía que no era ni vengativa ni cruel. Es más: siempre quiso que los ingleses regresaran voluntariamente a su patria; y en varios combates posteriores les concedió una libre retirada. Siempre tenía compasión con los ingleses moribundos y oraba por ellos.
La presencia de Juana tenía tal fuerza de convicción, que muchos veían en ella a un ángel de Dios.
No hacía nada sin la compañía de sus consejeros celestiales; sentía que éstos la guiaban seguramente en su tarea y sabía también que en sus futuras batallas estaría acompañada por ángeles que lucharían a su lado.
La gente se daba cuenta que no trataban con una ilusionista. Sabes, Juana era demasiado realista, auténtica y pura, tenía sus dos pies puestos sobre la tierra y para sopresa de todos sabía cómo manejar una guerra. ¿De dónde provino esta capacidad, no sabiendo ella ni leer ni escribir?
Nieta: ¿Abuelo, qué significa que ella tenía sus dos pies puestos sobre la tierra?
Abuelo: Eso se dice de una persona que no es alucinada y que no ha perdido de vista la realidad.
Abuelo narrador: La primera meta militar de Juana fue Orléans, una ciudad que los ingleses estaban a punto de tomar y que representaba un punto clave para un triunfo casi completo sobre Francia. Ella había predicho que liberaría a Orléans.
iQué alegría reinó en la ciudad cuando Juana entró en ella con el ejército! Los habitantes volvieron a tomar esperanza y muchos supusieron que una antigua profecía estaba cumpliéndose, la cual decía que Francia caería en la perdición a causa de una mujer y sería luego liberada por una Doncella procedente de Lorraine.
Muchos identificaron a Juana con esta Doncella y los habitantes de Orléans confiaron en que su situación desesperada tomaría un giro hacia el bien: Y su esperanza no quedó defraudada.


Diálogo 12: Abuelo y nieta, Conde de Dunois, Narrador

Nieta: Abuelo, ¿no cierto que eran sus santos los que le habían enseñado a manejar una guerra?

Abuelo: ¡Sí, eso lo has comprendido muy bien! Eran ellos los que le aconsejaban todo lo que debía hacer. Además Juana debe haber tenido una capacidad rápida de comprensión; es decir, que era una joven muy inteligente. Pero por supuesto lo esencial era la ayuda iminente de sus santos en una situación como esta. Hay que comprender que en este caso Dios estaba de parte de los franceses y quería que Francia permaneciera francesa y fuese regida por un rey francés.

Nieta: ¿Y Dios quiso conseguir ésto por medio de una guerra?

Abuelo: En este caso sí, pues era un acto de justicia y contenía también muchos aspectos más. Tú misma sabrás de la Biblia, que a veces Dios luchaba de parte del pueblo de Israel.

Nieta: iSí!

Abuelo: Además cabe recordarte que antes de que Juana comenzase a luchar hizo saber a los ingleses que había sido enviada por Dios y que ellos debían regresar a su país. Por eso todo hubiera podido suceder sin guerra ni derramamiento de sangre, si los ingleses hubieran escuchado sus palabras.

Nieta: ¿Y los ingleses le creyeron?

Abuelo: ¡Lamentablemente no!
Escucha el testimonio del conde de Dunois. El fue el representante del rey en caso de guerra, era comandante general y le había sido encomendada la defensa de Orléans. Este testimonio muestra el efecto que causaba la presencia de Juana sobre la situación completa.

Conde de Dunois:
Dunois: A mí y a otros generales nos parecía prácticamente imposible suministrar alimentos a la ciudad de Orléans, puesto que no disponíamos de las naves respectivas y el viento soplaba en nuestra contra.
Abuelo: El conde describe su primer encuentro con la virgen Juana de esta manera:
Dunois: Juana, que había llegado con las tropas a las orillas del río Loire, me habló así:
Juana: ¿Es usted el comandante de Orléans?
Dunois: iSí, yo lo soy y estoy feliz por vuestra llegada!

Juana: ¿Es usted quien aconsejó hacerme llegar a esta orilla y no marchar directamente hacia donde estaban Talbot y los ingleses?

Dunois: Sí, fui yo junto con otros más inteligentes que yo, los que dimos este consejo en la segura fe de servir así mejor a la campaña.

Juana: “En el nombre de Dios; el consejo de Dios nuestro Señor es más seguro e inteligente que el vuestro. Habéis creído poder engañarme, pero os habéis engañado a vos mismo, pues yo os traigo mejor ayuda que la que jamás haya recibido un general o una ciudad: la ayuda del rey del cielo. Pero este socorro no viene gracias a mí, sino porque Dios, aceptando la oración de San Ludovico y San Carlomagno, se ha apiadado de la ciudad de Orléans y no quiere tolerar que los enemigos se apoderen del Señor de Orléans y de su ciudad.”

Abuelo: Bajo el liderazgo de Juana fueron tomadas las diversas fortalezas. Ella misma, a pesar de no luchar con armas, estaba siempre en medio de las batallas fortaleciendo a las tropas francesas con su presencia. Del modo como ella misma lo había predicho, fue herida en un ataque del 7 de Mayo. Sin embargo, decidió quedarse en el frente.
Como se había luchado ya desde la mañana hasta la noche, parecía que la fortaleza no podría ser tomada. En ese momento Juana se apartó un poco, hizo una oración, tomó luego su estandarte y los ingleses comenzaron a llenarse de temor. Así también esta fortaleza pudo ser tomada.
Al día siguiente, el 8 de Mayo de 1429, los ingleses se retiraron y Orléans quedó liberada.



Escena 13: Diálogo – El camino a Reims, diálogo abuelo, nieta, narrador.
Nieta: ¡Oye abuelito, eso casi no te lo puedo creer! ¡Juana debe haber tenido una valentía enorme!

Abuelo: En lo que respecta a su misión ciertamente la tenía, en la batalla actuaba sin temor alguno y fortalecida por los ángeles y sus santos. No debemos olvidar que ella había visto con sus propios ojos a los ángeles que luchaban a su lado. De esta manera sabía con certeza, que no eran solamente los soldados franceses los que combatían a los ingleses.

Nieta:¡Huy, abuelito, ahí sí que se vuelve emocionante la historia! Àngeles de verdad que luchaban junto a Juana... Abuelo, ¿es que los ángeles combaten siempre cuando hay guerra?

Abuelo: ¡Ay, mi tesoro, con eso me preguntas demasiado!... talvez sí – a su modo -, si es que de verdad se trata de una guerra justa. En el caso de Juana fue así.

Nieta: Abuelito, tú crees que de verdad fue así, ¿no cierto?

Abuelo: Sí, mi corazón. Yo estoy convencido de que fue así y que Juana no era una ilusionista o aún peor, una alienada.
Nieta: Abuelo, ¿quién dice algo así?
Abuelo: Bueno, cuando una persona no puede creer que Dios existe o considera una intervención suya tal como una fantasía, puede posiblemente llegar a tales pensamientos.
Nieta:¡Pero se puede ver que lo que ella había predicho, luego se cumplió!
Abuelo: Pero sabes: uno puede ver todo eso y sin embargo pensar de otra manera.

Nieta:¡¿De verdad?

Abuelo :Sí, pero ahora mejor regresemos a Juana. Su misión no había aún terminado con la liberación de Orléans.

Nieta: ¿Y qué vino después?

Abuelo: Bueno, el Dauphin Carlos VII debía ser coronado como rey; y este acto tenía que darse en Reims. Para lo que Juana trabajó arduamente, pues sabía que el rey sería recién verdadero rey después de este suceso.

Nieta: ¿Y porqué?

Abuelo:También ésta es una historia muy bella: se cuenta que cuando San Remigio quiso bautizar al rey Clodoveo que se había convertido al cristianismo, una paloma bajó desde lo alto con santos óleos. Desde ese entonces todos los reyes de Francia han sido ungidos por el Arzobispo de la ciudad con este óleo.

Nieta: Eso quiere decir que para Juana el rey recién era verdadero rey después de esa unción, ¿no?

Abuelo: Exactamente, pero no solamente para Juana, sino para la mayoría de los franceses.

Nieta:¡Ah, por eso ella quería que el rey vaya a Reims!

Abuelo:Sí, así es. Esto fue una parte del encargo que había recibido de Dios. Francia debía ser regida por el rey verdadero con pleno reconocimiento del pueblo.

Nieta: ¿Y se dio luego eso?

Abuelo: Sí, pero aún se debía superar ciertos obstáculos hasta este punto, porque los ingleses aún no habían sido vencidos por completo. Poseían diversas fortalezas más y tenían ocupadas varias ciudades.

Pero ahora ya no se podía detener a Juana con su ejército valeroso... antes bien, ella iba de victoria en victoria. Muy importante fue la victoria en Patay, pues con ésta reconquistó todo el territorio de los Orléandeses.
Ahora el camino a Reims estaba libre y todas las ciudades sobre el trayecto que aún habían estado bajo ocupación inglesa, se rindieron.

Nieta: ¡Ahora el rey sí que debe haber estado contento!

Abuelo: Seguramente sí, pero lamentablemente tenía malos consejeros, que no estaban realmente dispuestos a subordinarse a las instrucciones de Juana y ofrecían gran resistencia, pues tenían otros intereses e influenciaban al rey.

Nieta:¿qué sucedió luego, abuelito? ¡Dime!

Abuelo:¡Aún no, mi corazón!

Primeramente alegrémonos porque Carlos VII. le haya escuchado durante este tiempo a Juana y que se pudo realizar así la voluntad de Dios. ¡Qué milagro: el Dauphin Carlos VII realmente fue coronado como rey en Reims! iQué felicidad para nuestra Doncella! Se había realizado lo que sus santos predijeron y así una parte de su misión se cumplió. Su corazón ciertamente saltaba de alegría y gratitud. Pudo ayudar a que su amada Francia ahora tenga un rey legítimo y que el poder de los ingleses se haya debilitado. Todo creyente francés, fiel a la corona, sabía que esto no se hubiera dado sin la intervención divina a través de Juana de Arco. El pueblo la amaba, sobre todo los habitantes de Orleans.
La ceremonia de la coronación fue uno de los topes de nuestra historia.

Nieta algo angustiada: Abuelo, y todo siguó tan bien? Tu tono de voz me hace dudarlo...

Abuelo: Tienes razón. El que cumple una misión tan grande, tiene enemistades!

Nieta: Los ingleses?

Abuelo: No solamente ellos: pero eso no lo vamos a tratar ahora.
Por hoy quédate con el mensaje de que Dios pudo realizar grandes maravillas gracias a la disposición de Juana y los otros. Al Señor le agradó haber escogido a una jovencita para esta obra. ¿Eso es grandioso, verdad?

Nieta: ¡Sí, abuelo, tienes razón! Voy a pensar ahora en Juana; ¡talvez será mi amiga!

Abuelo:¡Seguramente, mi querida, seguramente! ¡Buenas noches!



Escena 1: Introducción a la 2a. parte.


Abuelo: Y, Jacqueline, ¿todavía tienes muy presente la historia de Juana?

Nieta: ¡Más que eso, abuelo, si no me hubieras dicho que es real, no lo creería!

Abuelo: Eso lo entiendo muy bien. Muchas veces la verdad es mil veces más emocionante que nuestras fantasías.

Nieta: Oye, abuelo, ¿cuándo me vas a seguir contando?

Abuelo: Bueno, podríamos comenzar ahora mismo, pero...

Nieta:¿Pero?

Abuelo: Ya te habrás dado cuenta por mis palabras, que lamentablemente la historia ahora toma otra dirección.

Nieta: Sí.

Abuelo: Esto le trajo mucho sufrimiento a Juana, lo que en cierto modo hasta hoy aún nos puede doler. ¡Al menos a mi me pasa así!

Nieta: Ay, querido abuelo, parece que quieres ahorrarme este sufrimiento.

Abuelo: Sí y no. Sí, porque realmente fue un tiempo muy duro para Juana; no, porque este camino de pasión forma parte de su vida y ella obtuvo luego – con la ayuda de Dios – la victoria en esta batalla tan penosa.

Nieta: Abuelo, ¡por favor sigue contándome! Te dije que ya he comenzado a querer a Juana y por eso también quiero saber cómo siguió su historia.

Abuelo: Tu amor por ella va a crecer aún más, porque su vida se asemeja en muchos aspectos a la vida de alguien a quien ya amas.

Nieta: ¿A Jesús?

Abuelo: Sí, a nuestro Señor Jesús.



Escena 2: Carlos bajo la influencia de los consejeros, Juana quiere seguir luchando.

Abuelo: Podríamos suponer que el rey Carlos VII., ahora con el apoyo inigualable de Juana y con su realeza confirmada, ahuyentaría a los ingleses de su país. Era el momento preciso y todo parecía ideal para ello.
Pero el rey actuó de manera diferente...

Es probable que hayan sido principalmente sus consejeros Monsieur la Trémoille y el arzobispo de Reims, Regnaud de Chartres, quienes intentaron manipularlo. El así llamado partido de la paz - en la corte real - tenía la meta de entrar en negociaciones con los borgoñeses, a fin de que éstos tomaran una posición neutral y luego se juntaran al ejército francés en la lucha contra los ingleses. Pero también habían corrientes que preferían que los ingleses gobernasen en una monarquía doble; es decir, a la vez sobre Inglaterra y sobre Francia, a que reinara el rey francés.

De este modo Carlos VII. comenzó a negociar con los borgoñeses, a fin de conseguir una tregua.

Nieta: Pero abuelito, eso es bueno, ¿no es cierto?, porque así ya no morirán más personas...

Abuelo: Por supuesto, esto está bien cuando se termina de luchar, haciendo callar a las armas y buscando la paz. Pero en este caso específico no estuvo bien, pues los borgoñeses y los ingleses solo aprovecharon el descanso para reforzar sus tropas. En ese entonces los borgoñeses ni siquiera pensaban en reconciliarse con Carlos VII.
Esto Juana lo sabía y se lo dijo explícitamente al rey.

Juana: ¡Señor, ahora es tiempo de luchar! Si no aprovechamos la oportunidad del momento, la guerra durará aún largo tiempo y reclamará muchas vidas. ¡Debemos seguir combatiendo, Señor! Os ruego: ¡no vaciléis! Los soldados están preparados; ¡no discutáis tanto, pues debemos avanzar!
¡Dios desprecia la tranquilidad de los que ha destinado para la guerra!

Abuelo: Por supuesto Juana también hubiera querido una verdadera paz. De manera especial deseaba que los borgoñeses, siendo franceses, reconocieran a Carlos VII. como rey.
El día de la coronación del rey, Juana dictó una carta al conde de Borgoña. Ésta fue la segunda carta, pues tres semanas antes ya le había enviado una, que quedó sin respuesta.

Juana: Jesús, María; poderoso y gran príncipe, conde de Borgoña; la Doncella os pide en el nombre del Rey del cielo – mi legítimo y más alto Señor – que el rey de Francia y vos hagáis la paz buena, firme y duradera. Perdonaos mutuamente de corazón, así como es debido para buenos cristianos. Y si deseáis continuar guerreando, combatid contra los saracenos.

Conde de Borgoña os pido, os exorto y os exijo en humildad, que no continuéis luchando contra el santo reino de Francia y que sin tardar retiréis vuestras tropas de los diversos lugares y fortalezas que mantienen ocupados.
El noble rey de Francia está dispuesto a hacer la paz con vos, si tal acto no afectara su honor y esto está en vuestras manos.
Bajo la orden de mi legítimo y más alto Señor, el Rey del cielo, os hago saber por vuestros bienes, vuestro honor y vuestra vida, que no ganaréis un solo combate contra los franceses y que todos los que combatieren contra el santo reino de Francia, lucharán contra el Señor Jesús – Rey del cielo y de todo el mundo - mi más alto y legítimo Señor.

Os pido y de rodillas os ruego, que no emprendáis más combates contra nosotros. Vuestra gente y súbditos y vos mismo debéis saber, que sin importar el número de tropas que juntéis en nuestra contra, no obtendréis la victoria. Y sería una gran pena por la lucha y la sangre derramada de aquellos que se nos opongan...

Nieta: Juana siempre habla del santo reino de Francia…

Abuelo: Sí, mi pequeña. Ésta es su convicción más profunda y por ello también amaba a su patria de manera tan excepcional. Compartía la idea de muchos franceses de aquel tiempo, que Francia había sido elegida por Dios de manera especial para proteger la Cristiandad. ¿Recuerdas cómo Juana pidió a Carlos VII. que entregase al Rey del cielo su reino y que fuese él su adiministrador?
Éste era su punto de vista: el verdadero rey de Francia es Jesús mismo y Él otorga este reino suyo al rey francés como feudo.

Nieta: Pero hoy ya no pensamos así, ¿no es cierto?

Abuelo: No, generalmente no.

Pero regresemos a la situación del rey después de su coronación:

Éste se encontraba muy influenciado por sus consejeros y ya no apoyaba a Juana de la misma manera como lo había hecho antes. Algunos incluso suponen que había aceptado dineros de parte de los borgoñeses por la tregua. Como sea; a pesar de las victorias y la coronación del rey, la influencia de Juana sobre la corte real comenzó a disminuir. Talvez algunos pensaban que la joven ya había terminado toda su misión y que ahora fuese tiempo de retomar la iniciativa y limitar la influencia de la Doncella. Posiblemente también el rey lo suponía así o se había dejado convencer por esta idea.

Por supuesto también hay que contar con envidias, pues Juana había sido ennoblecida por el rey con toda su familia y gozaba de gran reconocimiento, sobre todo de parte de los oficiales y soldados.
Si se quisiera expresarlo en el lenguaje de hoy, se diría que en un tiempo mínimo la joven hizo una carrera incomparable.


Música:


Escena 3: La traición comienza; ataque a París.

Nieta: ¿Y cómo sigue la historia, abuelito?

Abuelo: Inmediatamente después de la coronación comenzó lo que llamaríamos la “traición”. Juana ya no era incluida en las reuniones importantes , sino que conscientemente se la excluía. Mucho, o casi todo, sucedía sin su conocimiento. Ella pensaba que el rey comenzaría a actuar y que avanzaría, y lo animaba a hacerlo. Pero él se encaminaba hacia otra dirección.

Juana deseaba ardientemente marchar a París, la capital; lo cual sin duda era un propósito lógico, pues el ejército francés estaba animado, mientras que los ingleses y borgoñeses habían sido debilitados y temían a Juana, pues sabían muy bien porqué la situación bélica se había vuelto en su contra. Juana estaba convencida de que también en la capital le esperaba la victoria.

Pero la traición ya comenzada continuaba su proceso...

Nuestra protagonista estaba sumamente impaciente, porque el ataque a París demoraba tanto en realizarse. Al duque de Alanzon, una persona de su confianza, le dijo:

Juana: "Mi buen duque, llamad a vuestros hombres y a los oficiales a las armas. ¡”Par mon Martin”, quiero ver a París desde más cerca de lo que he podido hacerlo hasta ahora!

Indudablemente el rey tenía una posición ambigua: por un lado se dejó convencer por la Doncella de conquistar a París, por otro lado, atacó a la misma Juana por la espalda.

Nieta: ¿y cómo sucedió eso; y porqué? Si te entendí bien París es la capital y por eso Carlos VII también debía ser rey ahí...

Abuelo: Correcto. Así también lo veía Juana y los que con ella luchaban. Pero ya dije que el rey estaba influenciado por sus consejeros y – por decirlo disimuladamente – era una persona muy insegura y hasta indecisa.

El ataque a París se convirtió en un momento de cambio para Juana, pues por primera vez se perdió una batalla bajo su comando. Pero viéndolo bien, no fue ella la vencida, sino el rey.

Nieta: Abuelo, por favor explícame eso.

Abuelo: El 8 De Septiembre de 1430 el ejército francés atacó a París, la cual había sido puesta en estado de defensa bajo las órdenes del borgoñés Luis de Luxemburgo.
Las batallas fueron duras y largas y de noche Juana fue herida. Sin embargo quiso seguir luchando, pero ya era de noche, ella misma estaba debilitada por su herida y los soldados agotados. El Señor de Gaucourt y otros sacaron a Juana, en contra de su voluntad, de las trincheras delante de la ciudad y el ataque fue finalizado. Ella todavía exclamó:

Juana: i”Par mon Martin”, hubiéramos tomado la ciudad!

Al día siguiente; a pesar de su herida, se levantó y quiso continuar con el ataque junto al Duque Alenzon, quien durante la noche había mandado a construir un puente. Pero el mismo rey Carlos VII lo hizo destruir y dio la orden de retirada.



Escena 4: Después de París y preanuncio del cautiverio.

Jaqueline: iAyayay, ahora Juana seguramente estaba decaída!

Abuelo: iMás que eso! Ella y los demás guerreros literalmente se sentían traicionados. El ejército que había sido tan victorioso se desmoralizó por esta retirada. Parecía que Juana había perdido su primera batalla. Pero como se puede ver, no fue vencida a través de un combate, pues éste hubiera podido continuar; sino a través de la traición.
Más tarde el rey incluso despidió al ejército tan exitoso, de modo que el impulso de tantas luchas victoriosas se paralizó.
La pasión de Juana había comenzado.

Jaqueline: ¿Pasión?

Abuelo: Sí, mi niña. La invencible Santa y heroína enviada por Dios – como la consideraban las personas que habían puesto su confianza en ella – aparentemente había perdido una batalla.

Jaqueline: Abuelo, pero si ella había sido guiada por sus santos; ¿acaso ellos no le habían dicho que esto iba a pasar?

Abuelo: No, ciertamente no. Más tarde Juana declaró que no había recibido una orden explícita para el ataque a París, sino que había decidido realizarlo ella misma con los oficiales y soldados.

Jaqueline: ¿Eso quiere decir que había actuado por capricho?

Abuelo: Hay quienes la acusan de esto, pero no creo que sea verdad. Desde mucho tiempo Juana ya planeaba la conquista de París, porque, como ya habíamos dicho antes, era necesario que el rey gobernara sobre su capital. No creo que sus santos hubieran tenido que aclarárselo explícitamente.

Ahora comenzó para ella un tiempo muy difícil. No se podía notar un progreso visible de su misión. El rey negociaba y negociaba y al final él mismo tuvo que admitir que había sido engañado. Pero no despidió a Juana de su servicio.
Transcurrieron ocho meses; Juana se asemejaba a un águila encerrada en una jaula. Se le encargaron algunos enfrentamientos pequeños contra los ingleses y borgoñeses y contra bandas de ladrones que se habían apoderado de diversas fortalezas y ciudades.

Al pasar la octava pascual de 1430 en Melun, sus santos le confiaron un mensaje muy duro.

Catalina en compañía de Santa Margarita:

Catalina:¡Hija amada de Dios, no temas! Pero hoy debemos decirte que ya antes del día de San Juan Bautista serás capturada.

Juana: ¡Oh no, caer en manos de los ingleses! ¡No, si eso sucede, mejor dejadme morir ya, sin los padecimientos del cautiverio!

Catalina: Juana, debes aceptar todo tal como viene. Ahora debe ser así. ¡Confía en tu Señor; confía, amada Juana, aunque sea difícil!

Juana: ¡Ya antes del día de San Juan, tan pronto! ¡Catalina, decidme la hora en que va a suceder!

Catalina: Acepta todo tal como el Señor lo deja suceder y confía en Él.

Juana: ¡Oh, Dios mío, cuán difícil es ésto para mi! ¡Debo caer en las manos de mis enemigos! ¡Oh no, queridísimo Señor; de verdad ésto debe ser así?
Amadísimo Jesús, ¿qué es lo que has previsto para tu Juana? - Sabes que prefiero morir a caer en las manos de los ingleses.
Pero si es Tu voluntad, ¡que suceda lo que debe suceder!
(llora un poco)


Música ....



Escena 5: Juana es tomada presa.

Jaqueline: huy, abuelo, ahora sí se va a poner bien difícil para Juana. ¿Porqué Dios permite que sea capturada, si ella sólo hizo lo que Él quiso y ayudó a Francia y al rey?

Abuelo: la pregunta que me haces es muy difícil. ¿Cómo te responderé de la mejor manera?
Sabes: Dios también integra en su actuar la voluntad del hombre y no suele ignorarla. Desde que había comenzado la traición a Juana y con el ataque a París, el rey ya no escuchaba realmente lo que ella le decía y así la voluntad de Dios ya no pudo realizarse mediante victorias, como lo había sido hasta ahora.
Ahora comienza para Juana el camino del sufrimiento, como portadora de la voluntad divina.

Jaqueline: Abuelo, eso no lo entiendo.

Abuelo: Mi querida Jacqueline, eso no es tan fácil de comprender – no sólo para ti. Pero por ahora simplemente recuerda lo que te he dicho. Telvez más tarde se te aclarará.

Jaqueline: ¡Pero tengo tanto miedo por Juana!

Abuelo: No temas, te comprendo muy bien; pero no olvidemos que Juana no estaba sola. Ella misma afirma que precisamente en este tiempo difícil sus santos estaban frecuentemente con ella y la consolaban.

Jaqueline: ¡Gracias a Dios!

Abuelo: ¡Ahora sigue escuchando! El 23 de mayo de 1430 Juana se encontraba en Compiégne, pues había querido venir en ayuda de los habitantes, que estaban asediados por los borgoñeses. Con sus soldados atacó al enemigo delante de la ciudad, pero éste recibió refuerzos de dos partes, de tal modo que los guerreros que rodeaban a Juana tuvieron que retroceder hasta el puente que llevaba a la ciudad.

Cuando el comandante Guillaume de Flavy vio que muchos ingleses que acompañaban a los borgoñeses, invadían el puente; hizo subirlo y cerró los portones de la ciudad. De este modo Juana quedó expuesta al gran número de enemigos y así pudieron capturarla.

Jacqueline: ¿Pero porqué el general hizo eso, si con esto la entregó al enemigo?

Abuelo: Hasta hoy en día se discute este punto. Hay quienes dicen que fue traición, otros opinan que al comandante no le quedó otra alternativa para salvar la ciudad. Lo que sí parece ser verdad, es que no hubiera sido necesario levantar el puente, pues esto no era imprescindible para la defensa de la urbe e imposibilitó el retorno a los luchadores.

Juana misma había hablado frecuentemente sobre la traición, pues la temía mucho. Varios aspectos nos lo hacen suponer. En el peor de los casos fue una trampa planeada por ambos lados.

Jacqueline: ¡Oh no, abuelo; eso ella no se lo había merecido!

Abuelo: Ciertamente no. Ahora para Juana había terminado el tiempo de la lucha militar y comenzó una batalla aún más grande.

Música



Escena 6: Tiempo del cautiverio de Juana hasta llegar a Rouen.

Abuelo: Al comienzo Juana se encontraba en la prisión del conde de Luxemburgo. Después de su captura, hubo un gran júbilo de parte de sus contrarios. Escuchemos un pasaje de la carta del duque de Borgoña al duque de Savoyen:

Pasaje de la carta del duque de Burgundo

"por medio de la voluntad de nuestro Creador, muy alabado, sucedió que la mujer, llamada „la Doncella“, fuera capturada... Ésto lo escribimos... con la esperanza de que vos sintáis por ello alegría y consuelo y que déis gracias a nuestro Creador, a quien le agradó llevar nuestros esfuerzos a un fin exitoso por el bien de nuestro señor, el rey de Inglaterra y Francia...

Jaqueline alterada: Abuelo, ¿los borgoñeses de verdad pensaban que Dios...?

Abuelo: Sí, Jacqueline. Este es otro punto que no comprenderás fácilmente. Los ingleses y borgoñeses nunca habían creído en la misión divina de Juana; al contrario: debido a sus derrotas militares sólo podían imaginarse que Juana había hecho un pacto...

Jacqueline: ... ¿¡Con el diablo!? Ay, abuelito, ¿cómo pueden pensar algo así, si tú mismo me dijiste que Juana había sido examinada por la Iglesia y el rey también creyó en ella y además se cumplió todo lo que ella había predicho. Ella liberó a Orléans y coronó al rey y, y...

Abuelo: sí, sí, mi corazón. Veo que de verdad te grabaste todo muy bien. Así mismo fue, pero los ingleses y sus aliados decían que era la obra de una bruja; eso quiere decir, que no venía de Dios, sino del maligno.

Jacqueline: Pero abuelo, ¡eso es imposible! ¡No, abuelo, ¿cómo pueden ellos...?!

Abuelo: Debo recordarte un pasaje de la Sagrada Escritura. ¿Recuerdas lo que Jesús dijo a sus discípulos respecto al tema de las persecuciones?

Jacqueline: Sí, ¿pero a qué te refieres exactamente?

Abuelo: Mira, mi corazón, Jesús dice a sus discípulos: „llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios.“ (Jn, 16,2)

Jacqueline (atemorizada): ¿Matar? Abuelo, ¿van a llegar tan lejos?

Abuelo: De eso no se trata ahora. Quiero que comprendas porqué el duque de Borgoña pudo escribir una carta tal. En ésta decía que había que agradecer a Dios por la captura de Juana. Por cierto; en el pasaje en que Jesús decía que los que matarían a los discípulos pensarían dar culto a Dios, dice luego que hacen éso porque no han reconocido ni a Dios Padre ni a Èl.

Jacqueline : Entonces ellos tampoco habían reconocido a Dios.

Abuelo: No en lo que respecta a la misión de Juana. Ahí hicieron todo lo contrario.

Jaqueline: ¡No! ¡Eso debe haber sido durísimo para la Doncella!

Abuelo: Pero aún más duro le hubiera sido escuchar las palabras que el Arzobispo de Reims escribió a la población; que Juana solamente fue capturada en Compiègne...

Carta de Regnault de Chartres:

"porque no había querido seguir un solo consejo e hizo todo por capricho. Se mostró orgullosa por la indumentaria que vestía y porque hizo no lo que Dios le ordenó hacer, sino lo que ella misma quiso“

Jacqueline: ¡Pero eso no es verdad!

Abuelo: Sí, una tal carta del Arzobispo a la población es algo grave, muy grave; y con ella atribuía a Juana la culpa de su captura.

Pero la situación se volvió aún más difícil para nuestra Doncella:
la universidad de París se sumó también y escribió al duque de Borgoña la siguiente carta:

“Puesto que todo gobernante cristiano tiene el deber de extinguir cualquier error que se dirija contra la fe cristiana y ya que se sabe que una mujer llamada Juana ha sembrado en este reino diversas creencias erróneas; os suplicamos, o poderoso príncipe, que dicha Juana nos sea entregada como prisioner; a fin de que aparezca ante nosotros y ante un procurador de la santa inquisición, siendo ella sospechosa de haber cometido varios crímenes cercanos a la herejía.”

Jacqueline: ¿Qué significa todo esto, abuelo? Aquí sí ya no te entiendo: herejía, inquisición; esas palabras no las conozco...

Abuelo: Mira: herejía significa que uno esparce doctrinas contrarias a la enseñanza de la Iglesia católica. La inquisición era una institución de la Iglesia que examinaba si uno estaba publicando doctrinas erróneas. En ese entonces eso contaba como crimen.

Jacqueline: Pero si Juana no había dicho nada en contra de la fe.

Abuelo: No, Jacqueline, por supuesto que no. Ella amaba a la iglesia y le era fiel. Pero tenía enemigos poderosos que querían deshacerse del peligro que ella representaba para ellos.

Música:



Escena 7. Juana presa en Beaulieu y Beaurevoir

Jacqueline: ¡Uy, esto se pone cada vez peor!

Abuelo: Sí; primeramente estuvo cautiva por varios meses en distintos lugares. Al inicio fue llevada con Juan d'Aulon y su hermano Pedro a una fortaleza segura. Allí hizo un intento de huida que fracasó. Después de algunas semanas fue encerrada en la torre de Beaurevoir sin sus compañeros.

Por supuesto en este tiempo necesitó de un acompañamiento especial de sus santos, a pesar de que en la primera etapa de su prisión aún la trataron relativamente bien. Ésto fue sobre todo el mérito de la tía de Juan de Luxemburgo, que se preocupaba por ella. Sin embargo le fue difícil aceptar el cautiverio; comprender el porqué de todo lo que le sucedía; fue para ella un gran sufrimiento. ...........
Catalina: Mi querida Juana, sabemos que ahora necesitas de nuestra especial ayuda y que debes tener mucho valor.

Juana: Oh, Catalina, ¿porqué estoy aquí, porqué ya no puedo socorrer a Francia, porqué estoy encerrada en estos muros fríos? Éste no es un lugar para mí, Catalina. ¿Y cómo va seguir todo? ¿Será que pronto seré liberada y podré seguir luchando ?

Catalina: Hija de Dios, todo lo que el Señor permita, te servirá a ti y a Francia!

Juana: ¿Pero cómo puedo ahora ayudar a mi país, si estoy aquí? Un día tras otro pasa y nada sucede. Los ingleses siguen en nuestra tierra y Francia aún no está libre.
¡Ay, si sólo hubiéramos atacado nuevamente a París. Hubiéramos vencido! ¡Todo hubiese sido diferente! ¿porqué nuestro rey escuchó a sus consejeros? Seguramente fueron las personas de su alrededor, las que le impidieron luchar...

Catalina: Nada sucede en vano y mucho menos el sufrimiento que estás cargando. ¡Piensa en nuestro Señor! También él cargó con el sufrimiento.

Juana: Sí, Catalina, yo sé que también nuestro querido Señor fue tomado preso y pienso frecuentemente en eso. Sin embargo se me hace tan difícil estar aquí.

Catalina: Rézale a Dios, Él te va a ayudar.

Juana: Dime Catalina, ¿me van a rescatar pronto?

Catalina: Mi querida hija, no te preocupes, antes bien confía totalmente en nuestro Señor. ¡Él nunca te va a negar su ayuda! Confía, Juana, confía en Él plenamente.

Juana: Sí, de verdad lo intento, pero...

Catalina: Dios te va a ayudar...

Juana (sola): ¡Oh Dios! No lo soportaría un solo día, si mis amados Santos no vinieran a consolarme.
Todo es tan vacío y pensamientos malvados me acosan.
¡Pero me sostengo en mi Señor! Talvez, pronto venga en mi ayuda y seré nuevamente libre!
Aún si la Señorita de Luxemburgo sea buena conmigo, no quiero estar en estos lugares, querido Señor. ¿Eso lo comprendes, no es cierto? Pero si tú lo quieres así, ¡entonces por favor fortaléceme...!

Je vous salue Marie ....



Escena 8: Juana en prisión, negociaciones por Juana, desplazamiento a Rouen.

Jaqueline: Abuelo, ahora entiendo porqué te pusiste a pensar si me seguirías contando la historia de Juana o no. ¡Me da tanta pena por ella; seguramente ahora tuvo que ser muy valiente!

Abuelo: Sí, el cautiverio fue para ella mucho más difícil que las batallas, considerando también que salió tantas veces victoriosa y estaba animada por la esperanza de tantas personas y por su aprecio. Ahora estaba sola...¡pero muchos oraban por ella!

Jacqueline: ¿Y el rey? ¿qué hizo él ahora?

Abuelo: Esto es un tema difícil. Juana hubiera podido ser rescatada por una determinada suma de dinero, pues era usual hacerlo con prisioneros de guerra; pero el rey no hizo ningún intento de negociar por ella.

Jacqueline: ¿porqué, abuelo? ¡Eso es injusto, si ella había luchado por él!

Abuelo: Sí, mi corazón. Eso fue injusto y nadie realmente puede decir porqué fue así. Con certeza el rey sabía que Juana estaba en prisión.
Fueron otros los que tenían gran interés en la Doncella y lamentablemente este interés no prometía nada bueno para ella.

Jacqueline: ¿Y quiénes eran?

Abuelo: Fue el obispo Cauchon de Beauvais. Este había sido rector de la universidad de París y luego obispo de Beauvais.

Jacqueline: ¡Ah!

Abuelo: Él era partidario de los ingleses y sus aliados. Trabajaba para el rey de Inglaterra.
Fue este obispo quien, por encargo de los ingleses, juntó la suma para rescatar a Juana. Su intención era entablar un proceso contra la joven.

Jacqueline: ¿Para qué un proceso?

Abuelo:¿Te acuerdas de la carta de la universidad de París al duque de Borgoña y de la solicitud que formulaba de poder entablar un proceso contra Juana como hereje?

Jacqueline: Mh....

Abuelo: Esa carta había sido compuesta por Monseñor Cauchon y ahora él quería realizar este plan.
Juana debe haber sabido que se planeaba venderla a los ingleses, pero aún se encontraba bajo la protección de la Señorita de Luxemburgo, que tenía influencia sobre su sobrino Juan. Más tarde Juana atestiguó:

Juana: la Señorita de Luxemburgo había exigido del Señor de Luxemburgo que yo no fuera entregada a los ingleses.

Abuelo: Juana hizo un segundo intento de huida en Beaurevoir.

Catalina: Juana, hija de Dios, estás tan intranquila, ¿qué te sucede?

Juana (alterada): Catalina, los ingleses ya vienen para recogerme. Debo huir de inmediato.

Catalina: Juana, ¿cómo vas a huir? No puedes y no debes saltar de esta torre.

Juana: ¡Pero tengo que hacerlo! Escuché que los habitantes de Compiègne serán exterminados todos, desde la edad de los siete años, con fuego y espada y yo prefiero morir a tener que vivir una tal masacre. Necesitan de mi ayuda y yo tampoco quiero caer en manos de los ingleses.

Catalina (severa): Juana, no tienes el permiso de saltar de la torre, ¡te lo prohibo! Confía en el Señor, Juana. Dios vendrá al auxilio de los habitantes de Compiègne.

Juana: ¡Si eso sucede, yo también quiero estar ahí!

Catalina: No, Juana. Éso no te ayuda. Debes aceptar todo tal como es. No quedarás libre hasta que hayas visto al rey de Inglaterra. ¡Por eso no saltes de la torre!

Juana: Yo no quiero ver al rey. Prefiero estar muerta a caer en las manos de los ingleses.

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Abuelo: En este caso Juana no escuchó a los Santos y a pesar de sus advertencias, saltó de la torre.

Juana: Dios, me encomiendo a ti y a la querida Virgen María...

Murmullo de voces

Abuelo: Juana se golpeó tan fuertemente en el piso, que no pudo comer durante dos o tres días.

Catalina: Juana!

Juana: ¡Sí!

Catalina: Ahora debes confesarte y pedirle perdón a Dios.

Juana: Sí, hice mal al no escuchar lo que me dijisteis. Tenía tanto miedo de los ingleses y me preocupaba por los habitantes de Compiègne.

Catalina: Ahora toma ánimo, Juana. Te digo que los Compiègneses recibirán ayuda aún antes del día de San Martín.

Juana: Sí, Catalina, eso es bueno, eso es muy bueno. ¡Gracias a Dios!

Abuelo: Juana se recuperó rápidamente y volvió a tomar fuerzas.

Jacqueline: ¡Pero ahí no fue obediente a sus Santos, abuelo!

Abuelo: No, no lo fue y los dolores que le produjo su caída fueron una penitencia para ella.
Pero como ves, le fue perdonado.

Mientras tanto Monseñor Cauchon había reunido el rescate para comprar a Juana. La última gran suma la recibió del tesorero inglés. Se presentó una nueva circunstancia muy desventurada para Juana: su protectora, la señorita de Luxemburgo, murió y Juan de Luxemburgo ya no se sentía obligado a cumplir el pedido de su tía de no vender a Juana a los ingleses.
Por una gran suma de dinero Juana fue entregada a las manos de sus peores enemigos.

Jacqueline: ¡Ayayay, por Dios...qué terrible!

Abuelo: El júbilo de la universidad de París fue enorme,
De este modo escribieron al rey de Inglaterra:

“Nos hemos enterado de que la mujer, llamada „la Doncella“, ha sido entregada a vuestra soberanía y estamos muy contentos de ello, pues confiamos en que esta mujer sea sometida a la justicia; a fin de que repare todos los grandes hechizos y escándalos que sucedieron en este reino, para gran desventaja de la gloria divina y de todo vuestro buen pueblo.”

Pidieron que Juana les fuera entregada y el obispo de Beauvais fuese el encargado de juzgarla.

Jacqueline: Abuelo, todavía no entiendo bien porqué se quería hacer un proceso a Juana. ¿Porqué los ingleses simplemente no se la llevaron como prisionera?

Abuelo: Detrás de eso hay un plan muy malvado.
Sabes, si los ingleses solamente hubieran capturado a Juana y luego la hubieran matado, ella habría llegado a ser una mártir a los ojos del pueblo francés. Esto se quería evitar. Se pretendía otro fin.
Con la ayuda de la Iglesia debía ser demostrado que Juana era una hereje y bruja, de modo que quedara evidente que su fuerza venía del diablo y sus victorias eran ganadas con la ayuda de Satanás. Si se lograba demostrar eso, se hubiera podido decir que Carlos VII. había sido coronado con la ayuda de una bruja. Con eso su legitimidad como rey estaría puesta en duda y al mismo tiempo el honor de la Doncella habría sido destruido. Bajo ninguna circunstancia convenía que Juana fuese considerada una santa, como el pueblo ya la veneraba, sino tenida como bruja.

Jacqueline: ¡Pero eso es increíble!

Abuelo: Y para esto los ingleses necesitaban a la Iglesia, que debía condenarla como bruja. Por eso el obispo de Beauvais y también la universidad de París, que solía estar de lado de los ingleses y borgoñeses, fueron involucrados en esta campaña política de los ingleses.

Jacqueline: ¡Qué horrible, es un plan espantoso! ¿Y la gente de la Iglesia colaboró en esto? ¿No se daban cuenta de que se iban en contra de una Santa que llevaba a cabo órdenes de Dios?

Abuelo: Sí, el plan fue muy malvado y lo ejecutaron con gran cuidado y astucia bajo la presión de los ingleses. Lamentablemente el obispo de Beauvais y otros se prestaron para realizarlo. ¿Habrán sabido de verdad lo que hacían? ¡Espero que no haya sido así! Pero seguramente te das cuenta de cuántas semejanzas se pueden ver con el camino del Señor.

Jacqueline: Sí.

Abuelo: El obispo preparó todo para llevar el plan a término. El regente inglés Bedfort, que representaba al rey inglés, aún menor de edad, decidió con el obispo, que el proceso debía ser ejercido en Rouen, donde el poder de ocupación inglés ya dominaba desde doce años; por lo que era un lugar seguro para los ingleses.
Por esta razón Juana fue llevada a Rouen el 23 de Diciembre de 1430. Normalmente hubiera debido ser apresada en una cárcel eclesiástica, pues el proceso que se le quería hacer era de la Iglesia. Ahí hubiera sido vigilada por mujeres.
Pero monseñor Cauchon violó esta regla, como también muchas otras. En vez de eso fue llevada al castillo Bouvreuil y encerrada en la torre, permaneciendo bajo la custodia de tres ingleses, que recibían apoyo de otros cinco. Además fue encadenada de pies y manos.

Jacqueline: ¡Uy, abuelo, eso es tan cruel!

Abuelo: Sí, mi Jacqueline, así es.



Narrador: Para Juana de Arco llegó ahora la parte más difícil de su misión: Tenía que cargar con todo el peso de su cruz, lo cual es inevitable para todo el que está al servicio del Señor; como la Doncella de Lorraine. Mientras que su vida pública y el proceso están muy bien documentados, la dimensión interior y espiritual de su camino quedan más en lo escondido. Por eso hemos decidido entrar en comunicación directa con la misma Juana de Arco.


Escena 1: en conversación con Juana

Narrador:¡Juana!

Juana: Sí!

Narrador: Juana, tu historia conmueve a muchas personas hasta hoy en día y a mí también. ¿Te puedo preguntar algo?

Juana: ¡Claro que sí, hermano! Habla sin temor.

Narrador ¿Cómo te sentiste en tu interior: fuiste prisionera de tus peores enemigos y no tenías un solo amigo a tu lado que te consolara?

Juana: ¡Oh, fue terrible! Tenía gran temor de los ingleses, pues muchos de ellos me odiaban y me deseaban la muerte. Me metieron en un calabozo y los guardias fueron sumamente rudos conmigo. Me apresaron los pies con esposas de hierro.
Los guardias aprovechaban cada situación para humillarme, insultarme y ofenderme.
Mientras tanto el obispo de Beauvais preparaba un proceso deshonroso en contra mía... Solo pude sostenerme en el Señor; Él fue mi única esperanza.

Narrador: Si fuiste acusada por la Iglesia, ¿porqué no te internaron en una cárcel eclesiástica?

Juana: Eso hubiera sido lo correcto. Lo exigí varias veces y me quejaba. Quería que me vigilara una mujer y no hombres, pero el obispo Cauchon y los suyos no me lo concedieron. Supongo que se veían presionados por los ingleses.

Narrador: En el proceso te enfrentaste a cincuenta clérigos y teólogos, que querían condenarte como hereje. ¿Cómo pudiste soportarlo?

Juana: Sin las voces de mis santos me hubiera sido imposible aguantarlo. En ese entonces me visitaban diariamente y me animaban – unos días incluso repetidas veces -.

Juana: Mis amadísimas amigas, ¿qué debo responder a los clérigos? ¿Cómo contestarles? ¡Pedidle a Dios que me lo muestre!

Catalina: Juana, debes contestar valiente y audazmente. Confía en todo al Señor. Dios te ayudará.

Juana: Y eso también lo hice, amigo mío.

Desde el inicio tuve que estar alerta, porque aprendí que la mayoría de los interrogadores eran enemigos míos que pretendían condenarme y quitarme la vida. En sus preguntas escondían muchas trampas.
Pero con la ayuda de Dios pude esquivarlas: ¡El proceso fue demasiado injusto!.



Escena 2: en la sala de juicio

Obispo Cauchon: Esta joven, que véis aquí, ha sido capturada en nuestra diócesis de Beauvais. Ha sido acusada de diversos delitos cometidos contra la fe ortodoxa dentro de nuestra Diócesis y en otros lugares. Nuestro gobernador y rey inglés, Enrique, nos la ha entregado para que entabláramos un proceso contra ella, en lo referente a la fe. Por eso hemos citado a Juana en el presente día.

Ahora Juana, jurad por el Evangelio, que contestaréis verazmente a todas las preguntas que os formularemos.

Juana: No sé sobre qué me interrogaréis. Tal vez me haréis preguntas a las que no daré respuesta.

Obispo Cauchon: Deberéis jurar que diréis la verdad a las preguntas que conciernen a la fe.

Juana: Juro decir la verdad a todas las preguntas que conciernen a mi procedencia y a aquello que realicé desde mi llegada a Francia. Pero lo que se refiere a mis revelaciones divinas; no las he compartido con nadie, salvo con el rey. ¡Y si me cortaran la cabeza, no podría hablar de ello, pues mis consejeros secretos - mis voces - me lo han prohibido!

Su supierais quien soy, desearíais que no estuviera en vuestras manos. Yo no he hecho nada que no me haya sido ordenado por revelación.

Cuidaos los que decís ser mis jueces, porque os cargáis un yugo pesado y exigís demasiado de mí. He venido de Dios y no tengo nada que hacer aquí. Regresadme al Dios que me envió.

Cuidaos de no juzgarme erróneamente pues os poneís en gran peligro. Os advierto esto, para que cuando llegue el día del castigo divino, yo pueda decir que cumplí con mi deber.



Escena 3; un proceso injusto

De hecho, el proceso fue una farsa. Desde el comienzo se quebrantó toda regla. Juana no tenía abogado y las condiciones de prisión eran inhumanas. Además ella ya había sido examinada por una institución eclesial de mayor rango en Poitiers; la cual expidió una buena sentencia. Esto hubiera tenido que bastar.
También era evidente que algunos de los participantes fueron presionados y amenazados. Esto nos lo confirman dos testigos que se pronunciaron en el proceso de rehabilitación.



El Sacerdote Juan Massieu comentó:

En mi parecer el abad de Fecamb, que era un miembro del tribunal, estaba guiado más por el odio y un espíritu partidario, que por el celo por la justicia.

El Maestro Juan de Chatillion se atrevió a decir al obispo, que el proceso era inválido - no recuerdo porqué. Desde ese momento no volvieron a convocarlo.

También sé que el Inquisidor encargado hizo todo lo posible para no participar. Pero le dijeron que si no se sumaba al proceso, su vida estaría en peligro. Obedeció, obligado por los ingleses.

Y el hermano Martin Ladvenu del monasterio de los hermanos predicadores dijo:

Hermano Ladvenu: Tengo la impresión de que algunos asistieron al proceso solo por miedo a los ingleses, otros por complacerles.

Sé que el maestro Nicolas de Hupvil fue echado a la cárcel por haberse negado a tomar parte en el proceso.

También sé que Juana no tuvo ningún abogado que defendiera sus derechos, excepto al final del proceso.

Nadie se hubiera atrevido a aconsejarla o a guiarla por miedo a los ingleses. De hecho, una vez algunos que habían sido presionados por el tribunal a asistir a Juana, fueron amenazados y reprimidos.

El hermano Juan le Mestre solo participó obligadamente
en el proceso. Su hermano Ysambert de la Pierre, que una vez había querido socorrer a Juana, fue mandado a callar y amenazado con ser arrojado al río Sena, si en el futuro no omitiese tales actos.



Escena 4. Juana espera ser liberada

Locutor: Juana, ¿estabas tú conciente de lo que se iba a venir en contra tuya?

Juana: Yo sabía que no podía esperar nada bueno de parte de los ingleses. Yo era su peor enemigo y pretendían aniquilarme. Eso no solo lo sentía en la sala del juicio, sino que lo tenía presente cada minuto que pasaba sola con los guardias o cuando diversos ingleses venían a verme. A pesar de que yo los temía, Dios siempre me fortaleció en el proceso para decir lo correcto. Dios también me protegió cuando me querían hacer violencia tal como se la hace a una mujer.

Locutor: ¿Y también tuviste en claro que no podías esperar ayuda de parte de la Iglesia?

Juana: Sí, eso lo notaba cada vez más. iCómo pudieron ser tan injustos los hombres de la Iglesia! Esto me causaba gran dolor, pues amo a la Iglesia. Pero fue así, porque eran partidarios del rey inglés o bien habían sido amenazados.
A veces me parecía ver en uno que otro rostro benevolencia y del público escuchaba gritos de apoyo, cuando oían mis respuestas y notaban que Dios me ayudaba a no caer en las trampas tendidas. Pero estas reacciones desaparecían rápidamente, pues el Obispo y sus colaboradores no toleraban que su corazón fuera tocado y tuviesen compasión. iY considerando que todos ellos eran franceses; de nuestro pueblo, de nuestra Iglesia! iCuánto me dolía todo esto! Solo mis Santos podían consolarme. En ellos podía poner toda mi confianza.

Locutor: Juana, ¿tú esperabas que el rey te rescatase?

Juana: Yo esperaba ser liberada. Siempre me mantuve de lado de Carlos VII. defendiéndolo.

Locutor: ¡Pero si él no pagó el rescate por ti y no hizo nada para liberarte!

Juana: No supe porqué, pero lo acepté de las manos de Dios. Carlos VII. era mi rey más cristiano. Sin embargo creía ser liberada de la prisión. Por eso le dije en ese entonces al juez:

Juana: Santa Catalina me ha asegurado que recibiría ayuda. No sé si seré liberada de la prisión o si surgirá algún tumulto durante el proceso, que me permita huir. Creo que sucederá lo uno o lo otro.
Generalmente mis voces me dicen que seré liberada a través de una gran victoria y luego me dicen: “Sopórtalo todo. No tengas miedo al martirio. Al final entrarás en el Paraíso.”
Y esto me lo aseguran con plena certeza.
Yo llamo martirio a la tribulación y a las contrariedades que sufro en la prisión y no sé si tendré que sufrir aún más, pero confío en nuestro Señor.



Escena 5: Juana y el soporte de sus Santos.

Locutor: Juana, tu proceso en Rouen fue definido más tarde por la Iglesia - en el proceso de rehabilitación - como “manchado por astucia, por acusaciones, errores, mentiras y violaciones de la ley”.

Juana: Simplemente fue horrible, mi amigo. En muchas de las sesiones querían demostrar que yo había errado y sospechaban maldad detrás de todo lo que yo había dicho y hecho. Mas yo solo había cumplido la voluntad de Dios y obedecido a mis voces. Sobre todo querían demostrar que erraba en mi fe, que todo era ilusión o inspiración del diablo.

Muchas de las preguntas ya me habían sido propuestas en Poitiers y yo ya las había respondido. También formulaban tantos interrogantes inútiles para agotarme, a fin de que yo soltara expresiones espontáneas que podrían ser empleadas en mi contra.

Todo argumento que iba en mi contra era anotado, pero ninguno de los que estaban a mi favor.

Y de noche los guardias no me dejaban descansar...

Si no hubiera tenido a mis santos, no me habría sido posible soportar esta tortura.

Locutor: Por suerte nuestra, han sido anotadas todas tus afirmaciones durante el proceso, de modo que podemos comprender un poco mejor la batalla que tuviste que luchar. Como podemos leer, los doctores eclesiásticos te atormentaron con sus preguntas. ¿Nunca comenzaste a dudar si talvez errabas respecto a tus voces?

Juana: No, iGracias a Dios nunca! ¿Cómo hubiera podido hacerlo, si mis voces siempre me habían guiado con tanta seguridad, ayudándome en cada situación y de manera muy especial en la presente? Cuando estaba agotada y sin ánimo, me visitaban con un amor y ternura tan grandes y me consolaban. iSiempre me eran fieles, como solo los santos pueden serlo!
Santa Catalina: Juana, hija de Dios, ¡ten ánimo! ¡Ganarás una gran victoria! Yo sé que esta situación es difícil para ti, pero Dios te consolará. Acéptalo todo de su mano, querida Juana. Con su ayuda lo lograrás y llegarás al Paraíso. ¡Resiste, Juana!

Juana: Las voces que me hablaban eran tan cariñosas conmigo y nunca me negaron un solo consejo. Pero no me dijeron y explicaron todo. Supongo que fue porque yo aún no lo hubiera podido comprender; eso lo entendí más tarde. Siempre estaba a salvo con ellas; pero cuando cometía errores, me lo mostraban claramente.

Locutor: Juana, se ha escrito mucho sobre ti y sobre el proceso y la mayoría de autores opinan que tus respuestas a los jueces fueron inteligentes.

Juana: También eso se lo debo únicamente a mis Santos, pues algunas de las preguntas realmente fueron difíciles y astutas, sobre todo cuando me intentaban acorralar con la cuestión sobre la obediencia a la Iglesia militante.

Juana: Catalina, ¿Qué debo hacer? ¡Los clérigos me acosan de todos lados para que me someta a la Iglesia!

Sta. Catalina: ¡Si quieres que el Señor te ayude, queridísima Juana, debes confiar en Él, en todo; especialmente ahora, hija de Dios!

Juana: Catalina, ¿me van a quemar?

Sta. Catalina: ¡Confía en nuestro Señor, Él te ayudará!

Música



Escena 6: La pregunta de la autoridad eclesial

Un miembro del tribunal: ¿Queréis someteros al juicio de la Iglesia en la tierra, en todo lo que habéis dicho y hecho; sea bueno, sea malo; sobre todo en los crímenes y delitos de los que se os ha acusado y en todo lo que se refiere al proceso?

Juana: Me someto a la Iglesia militante, si ésta no reclamare de mí actos imposibles. Lo que llamo imposible sería negar todo lo que he dicho y hecho, renunciar a mis apariciones y abjurar de las revelaciones que he recibido de Dios mismo. ¡No renegaré de ellas por nada del mundo! ¡Me sería imposible hacerlo! ¡Y si la Iglesia me ordenara hacer lo contrario de lo que Dios me ha encomendado, jamás podría obedecer!

Interrogador: Si la Iglesia militante os dice que vuestras revelaciones son alucinaciones y engaños de Satanás, ¿os sometéis entonces a ella?

Juana: Me remitiré a nuestro Señor, cuyos mandatos quiero seguir siempre. Sé bien que lo que está escrito en mi proceso me ha sucedido por encargo de Dios; me sería imposible obrar en contra de la encomienda divina, como lo he expresado también en mi proceso. Y si la Iglesia militante me lo ordenara, no apelaría a ningún hombre del mundo, sino solo a Dios, cuya voluntad siempre he seguido.

Interrogador: ¿No creéis que os debéis someter a la Iglesia en la tierra; es decir, al Santo Padre, a los Cardenales, Obispos y los otros prelados de la Iglesia?

Juana: ¡Sí, pero antes debo obedecer a Dios!

Jean de Chatillon: ¡Juana, debéis seguir el artículo de “Unam Sanctam” y someteros a la Iglesia militante!

Juana: Sin duda creo en la Iglesia militante y en que no puede ni errar ni fallar. Pero todo mi actuar y decir lo dejo al criterio de Dios, quien me ha llamado. ¡Me someto a Él y solo a Él!

Jean de Chatillon: ¿Queréis decir que no tenéis juez en la tierra; ni siquiera el Santo Padre, el Papa?

Juana: No puedo deciros más al respecto. ¡Tengo un buen maestro, nuestro Señor, al que me someto en todo – y a nadie más!

Jean de Chatillon: Si no reconocéis a la Iglesia ni al artículo de „Unam Sanctam“, sois una hereje y seréis condenada a la hoguera por otros jueces.

Juana: No puedo deciros otra cosa; aún si viera el fuego, os diría lo mismo y actuaría igual.

Jean de Chatillon: Y si el Concilio Ecuménico estuviera reunido aquí con nuestro Santo Padre, los Cardenales y demás dignatarios; ¿os someteríais a él?

Juana:¡No obtendréis otra respuesta de mí!

Jean de Chatillon: ¿Queréis someteros a nuestro Santo Padre, el Papa?

Juana: Llevadme ante él. Yo le responderé, eso es todo.

Jean de Chatillon: Mirad, Juana, si la Iglesia os abandona a vuestro querer, estáis en gran peligro de cuerpo y alma: para vuestra alma os espera el fuego eterno y para vuestro cuerpo el fuego temporal, por la sentencia de otros jueces.

Juana: Si vosotros me hacéis lo que decís, os vendrá muy mal en cuerpo y alma.



Escena 7: Juana se remite al papa

Locutor: Juana, leí que incluso te querían torturar.

Juana: Sí, me amenazaron con hacerlo.

Un clérigo: Juana, mirad que todos los presentes están dispuestos a entregaros a la tortura por solicitud del presidente, para devolveros al camino del reconocimiento de la verdad y a fin de obtengáis así la salvación de cuerpo y alma, que se encuentran en gran peligro por vuestras mentirosas invenciones.

Juana: En verdad os digo: aún si quebrantáis mis huesos y separáis mi alma del cuerpo no podré deciros otra cosa. Y si me obligáis a hablar, diré siempre que me lo habéis exigido con violencia.

Locutor: A pesar de muchas respuestas sabias que Juana dio a sus jueces y de su habilidad para esquivar toda trampa, no tenía salida en este proceso, pues el tribunal no buscaba la verdad, sino que pretendía un solo fin en servicio de los ingleses: condenar a Juana como bruja y hereje. Para conseguir eso, no dudó en utilizar medios reprochables como escuchar clandestinamente su confesión y muchas otras prácticas ilegítimas.

Al final del proceso se presentaron doce artículos de culpabilidad. Todas sus apariciones sobrenaturales y sus profecías eran sentenciadas como mentira y engaño. Le atribuían adivinanza, vanidad, blasfemia, brutalidad, calumnia de los santos, idolatría, intento de suicidio al saltar de la torre, invocación de espíritus malignos y graves errores en cuestiones de fe. En resumen, que era una hereje y obstinada en el error.

Pero hubo un acontecimiento al final del proceso, que hubiera podido traer un cambio decisivo y la habría salvado de la muerte, si solo se hubiera tenido un mínimo de justicia en este tribunal eclesiástico:

Fue el 24 de mayo de 1431: Juana se encontraba parada en un andamio en la plaza de la abadía en Rouen. Después de una exhortación estaba previsto el anuncio de la sentencia, en presencia del cardenal de Inglaterra, de muchos obispos y una gran muchedumbre.

Guillaume Erard: Juana, he aquí vuestros jueces que os han exhortado repetidas veces a someteros a la Santa Madre Iglesia. Os han demostrado y revelado que vuestras obras presentan muchos aspectos insostenibles e inverosímiles.

Juana: Ya me he pronunciado sobre lo que incumbe a mi sumisión a la sentencia eclesiástica y lo que respecta a mi actuar, pido que sea presentado al Santo Padre, el Papa en Roma, al cual apelo después de Dios. Mis palabras y obras las he realizado según las órdenes de Dios. No las pongo a cuenta de nadie: ni del rey, ni de nadie más. Y si hay mal en ellas, no responsabilizo a nadie más.

Guillaume Erard: ¿Queréis revocar vuestras reprobables palabras y obras?

Juana: ¡Lo dejo en manos de Dios y a la decisión del Santo Padre, el Papa!

Guillaumes: ¡Eso no basta! No se puede traer al Santo Padre de tan lejos. Los responsables son los jueces, cada uno en su diócesis. Tenéis que aceptar la decisión tomada por nuestra santa madre, la Iglesia. Debéis obedecer a lo que dicen los clérigos y peritos respecto a vuestras palabras y obras.

Locutor: Juana había apelado al Papa, haciendo uso del derecho de todo católico. En el proceso de rehabilitación se recalcó explícitamente este acto, que hizo inválida la sentencia del proceso en Rouen.

Pero los responsables del proceso, que con certeza sabían que Juana, después de haber apelado al Papa, ya no podría haber sido condenada, cometieron también esta infracción de la ley. Desvergonzadamente se aprovecharon de la ignorancia de Juana.
La condena de la Doncella era inevitable.



Escena 8: la revocación

Locutor: Dios mío, querida Juana, ¿cómo pudiste soportar todo esto? ¿Comenzaste a darte cuenta de que no llegarías a la libertad como lo esperabas antes?

Juana: Por un lado creí en mi rescate hasta el final, pero poco a poco me di cuenta de que no sería así. Sentí que la muerte en la hoguera se acercaba cada vez más: tenía mucho miedo. ¿Mi cuerpo purísimo realmente sería quemado a la vista de la multitud?

Mis santos me fortalecían y me incitaban constantemente a confiar en Dios, que vendría en mi ayuda. Me hablaron del martirio, pero no me dijeron que sería quemada, pues no lo hubiera podido soportar. ¡Cuánto había temido yo la traición y la muerte en la hoguera!

El miedo y el pensamiento de que mi muerte fuese un espectáculo delante de la multitud querían aniquilarme interiormente. ¿A dónde huir? No había salida... ¡mas sí! En lo más íntimo me sentía fortalecida por Dios, pero exteriormente estaba exhausta y no tenía ya fuerza alguna; nada de fuerza, absolutamente nada.

Sta. Catalina: Mi querida Juana, te vemos sufrir tanto, Hija amada del Señor.

Juana: Sí, querida Catalina, estoy deshecha. Quieren acabar con mi vida y no dejan de atormentarme. ¿Qué debo hacer? ¿Cuándo viene la hora de mi liberación? ¡Quemarán mi cuerpo, mi cuerpo intacto! ¡Qué gran injusticia! ¡Oh mi Dios, estoy tan vacía, sin fuerza! ¿Seré salvada o harán conmigo lo que les plazca? ¡Oh mi Dios, tengo tanto miedo y todo valor me ha abandonado!

Sta. Catalina: Juana, Dios estará contigo y te ayudará. Abandónate enteramente a Él.

Juana: Sí, pero me siento tan débil y ciertamente me espera una muerta tan horrorífica. ¡Oh Dios, ven en mi auxilio, sálvame!

Locutor: Fue el mismo 24 de mayo de 1431 cuando Juana tuvo que esuchar públicamente varias exhortaciones. De pronto, al pronunciarse la sentencia, exclamó:

Juana: Quiero seguir todo aquello que dicen y ordenan los jueces de la Iglesia. Quiero obedecer a sus mandatos y a su voluntad. Ya que los clérigos dicen que ni mis visiones ni mis revelaciones son sustentables o dignas de crédito, no deseo insisistir en su veracidad. Me entrego por completo a la sentencia de los jueces y de nuestra santa madre, la Iglesia.

Locutor: Le entregan a Juana un pergamino. Es la fórmula preparada para una abjuración. La leen en voz alta, ella la repite y firma con su nombre.

Monseñor Cauchon: En nombre del Señor, Amén. Al fin, después de frecuentes y amorosas exhortaciones y de larga espera, habéis regresado al seno de la santa Madre, la Iglesia, gracias a la ayuda de Dios. Habéis renunciado, como suponemos, con corazón contrito y fe sincera y habéis abjurado oralmente, con vuestra propia voz, de vuestros errores rechazados en prédica pública. Según los preceptos eclesiásticos os absolvemos de las cadenas del anatema que os ataban, bajo la condición de que retornéis con corazón contrito y sincera fe y que cumpláis con lo que os impondremos.

Pero puesto que habéis faltado inicuamente contra Dios y la Santa Iglesia, os condenamos definitiva e irrevocablemente – bajo reserva de nuestra merced y reducción de pena – a la práctica de saludable penitencia en continuo calabozo, con el pan de los dolores y el agua de la tristeza; a fin de que lloréis allí por lo cometido y en adelante no volváis a cometer lo que habéis llorado.



Escena 9: Juana se arrepiente de la revocación

El locutor habla con Juana: Juana, ¿qué había pasado? ¡Antes siempre habías defendido tu posición y de pronto este cambio brusco!

Juana: No tenía realmente otra convicción, sino que estaba muy debilitada y talvez también un poco confundida. Además esperaba llegar a una cárcel eclesiástica y escapar de estos continuos tormentos. Temía el fuego y no tenía claro que con la revocación renegaba de mi camino anterior. Pero mis Santos me hicieron saber claramente que había cometido un grave error.

Santa Catalina: Juana, ¿sabes lo que hiciste? ¡Has obrado muy mal con esta traición!

Locutor: Juana reconoció su error. En la cárcel volvió a ponerse su vestimenta masculina para protegerse contra los abusos de los guardias.

Monseñor Cauchon vino el Lunes 28 de Mayo en compañía de algunos clérigos, a la cárcel y vio a Juana en indumentaria masculina.

Monseñor Cauchon: ¿Qué quiere decir eso?

Juana: He vuelto a vestir el traje masculino y me he quitado el femenino.

Monseñor Cauchon: ¿Porqué? ¿Quién os lo ha ordenado?

Juana: Yo misma, por libre decisión. Me conviene más el ropaje de hombre.

Monseñor Cauchon: Habíais prometido y jurado no volver a vestirlo.

Juana: Es más apropiado y decente, puesto que me encuentro en presencia de hombres. ¡He vuelto a ponérmelo porque no habéis cumplido con vuestra palabra! Me había sido prometido escuchar la Misa y recibir el cuerpo del Señor y ser liberada de mis cadenas férreas.

Monseñor Cauchon: ¿No habíais abjurado y prometido no volver a colocaros este ropaje?

Juana: ¡Prefiero morir antes que estar encadenada! Pero si me dejáis asistir a Misa, me soltáis las cadenas, me lleváis a una cárcel decente y dejáis a una mujer conmigo; entonces me someteré y haré lo que la Iglesia me ordene hacer.

Monseñor Cauchon: ¿Habéis oído vuestras voces desde el Jueves?

Juana: ¡Sí!

Monseñor Cauchon: ¿Y qué os han dicho?

Juana: Dios me ha hecho saber, a través de Santa Catalina y Margarita, la gran lástima de mi traición, que he cometido por mi abjuración. Antes de este Jueves mis voces me habían predicho mi traición y aquél día la cometí. Sobre el andamio en que estaba parada me dijeron que debía responder sin temor al predicador. Pero yo llamo a este predicador, un falso predicador, pues dijo que yo había hecho cosas que jamás cometí.

¡Si dijera que Dios no me ha enviado, me condenaría yo misma, pues es la plena verdad! Mis voces me dieron a conocer que he cometido una gran equivocación al abjurar. Me dijeron que no había actuado rectamente. Lo hice por temor al fuego.

Monseñor Cauchon: ¿Creéis que vuestras voces vienen de Santa Catalina y Santa Margarita?

Juana: Sí, y de Dios.

Monseñor Cauchon: Sobre el andamio habéis confesado que os habíais jactado falsamente de que vuestras apariciones eran de Santa Catalina y Santa Margarita.

Juana: No lo había comprendido de esta manera. No pensaba que con este acto abjuraba de mis apariciones; es decir, de Santa Catalina y de Santa Margarita. Todo lo que hice fue consecuencia del miedo al fuego. Lo que revoqué, fue en contra de la verdad. Prefiero pagar mi penitencia de una vez y morir, a tener que soportar aún más tiempo los sufrimientos de la prisión. Nunca hice algo encontra de Dios o de la fe, aún cuando vos me obligasteis a abjurar. No comprendí nada de lo que decía el documento de la revocación. No pretendía revocar nada, a menos que a Dios le hubiera agradado. Si lo queréis, volveré a vestir la indumentaria femenina. ¡Pero lo que refiere al resto, no cambiaré nada!



Escena 10: Juana en el seguimiento de Jesús.

Locutor: Con esto, Juana había pronunciado su sentencia de muerte. Declaró inválida su abjuración y, en plena conciencia - incluso enfrentando la muerte que la amenazaba - confirmó la veracidad de su misión divina y la asumió con plena responsabilidad. Después de haber reconocido el error de su revocación y de haberse arrepentido, ya no quiso retroceder y salvarse a sí misma. Dios la fortaleció y ella comenzó a comprender que su gran victoria no consistía en su liberación de la cárcel, sino en aceptar el martirio.

Música. Sarah: De la pieza “Warrior of Light”: I had to understand

Locutor: En su sufrimiento Juana nos recuerda mucho a Jesucristo. Jesús nunca renegó de su misión por debilidad; pero en Getsemaní, confrontando el gran sufrimiento que le sobrevenía, pidió al Padre que alejara de Él este cáliz.

Después de este corto período de su debilidad y confusión durante la revocación, Juana puso su vida por completo en manos de Dios, siguiendo los pasos de su Señor. También ella fue llevada como un cordero al matadero. De este modo se enfrentó a la muerte por la hoguera, esta muerte que tanto había temido, y que sufrió por haber permanecido fiel a su misión divina y no haber estado dispuesta a renegar de ella, con lo cual también hubiera renegado de Dios.

Fue un capítulo oscuro, en el que algunos representantes de la autoridad eclesiástica se prestaron para la injusticia y llegaron a ser responsables por la muerte de una hija amada de la Iglesia. Y sin embargo esta muerte espantosa, que muestra hasta cual extremo los hombres pueden llegar – así como en la muerte de cruz de Jesús – queda iluminada desde su interior por una luz misteriosa. Es aquella luz de una Santa, que por amor a Dios y a su patria, estuvo dispuesta a seguir uno de los llamados más extraordinarios que jamás haya sido dirigido a una joven.

El siguiente día, 29 de mayo de 1431, el Obispo Cauchon convocó al tribunal en la capilla de la residencia arzobispal, para informar sobre lo sucedido. Todos los presentes declararon culpable a Juana, decidiendo entregarla al brazo jurídico civil.
¡Esto siginificaba para Juana de Arco la hoguera!

El 30 de mayo de 1431, Juana debería ser condenada como hereje reincidente y excomulgada, en la plaza de mercado en Rouen.



Escena 11: Juana es condenada a muerte.

Locutor: El hermano dominico Juan Toutmouillée fue enviado junto con el hermano Martin Ladvenu por el Obispo de Beauvais, para ir a ver a Juana en la cárcel. La Doncella de Orléans seguramente estaba preparada para su muerte; pero sin embargo no sabía que todo estaba tan pronto por suceder.

Más tarde nos cuenta el hermano Juan Toutmouillée:

Hermano Juan Toutmouillée: En la mañana del día, en que Juana fue liberada al brazo civil y con ello a la muerte de hoguera, yo estuve donde ella en la cárcel; junto al Hermano Martín Ladvenu, para anunciarle su cercana muerte, llevarla al arrepentimiento y a la penitencia y para oír su confesión. Cuando Juana se enteró de que debía morir el mismo día, rompió a llorar con grandes lamentos:

Juana: Oh Dios, ¿porqué proceden contra mí tan terrible y cruelmente? ¿Es necesario que mi cuerpo puro, que nunca fue difamado ni desfigurado, sea hoy quemado y convertido en cenizas?

¡Preferiría ser siete veces decapitada a arder de tal manera!¡Ay de mí! ¡Si hubiera estado en una prisión eclesiástica y vigilada por hombres de la Iglesia y no por mis enemigos, no hubiera llegado a un fin tan horrible! ¡Oh, clamo a Dios, el gran juez, pues cometen atroces injusticias encontra de mí! En la prisión estuve expuesta a violencias y maldades por los guardias y otros hombres que venían a verme.

Locutor: Al llegar también el Obispo ella exclama:

Juana: ¡Monseñor, muero por vuestra mano!

Monseñor Cauchon: ¡Refrenaos, Juana! Morís porque no habéis cumplido con lo que habíais prometido y porque habéis recaído en vuestra iniquidad.

Juana: ¡Si solo me hubierais internado en una cárcel de la Iglesia y confiado a las manos de guardias eclesiásticos, no habría sucedido así! Os acusaré ante Dios por ello...

Locutor: Juana es llevada al mercado antiguo de Rouen en compañía de un gran número de soldados armados.

A las nueve de la mañana es colocada sobre el andamio y el Obispo proclama su sentencia, luego de una homilía:

Monseñor Cauchon:

En nombre del Señor. Amén.
Siempre cuando la fe errónea contagia con su infestante veneno un miembro de la Iglesia y lo convierte en un miembro de Satanás; hay que evitar con celo ardiente, que este peligroso contagio llegue también a las otras partes del cuerpo místico de Cristo. Por esta razón, Juana, llamada también “la Doncella”, os declaramos disidente, idólatra y conjuradora del diablo.

Pero puesto que la Iglesia jamás cierra su seno al que regresa a ella, hemos creído que os habíais apartado verdaderamente de vuestros errores y delitos, cuando abjurabais aquel día públicamente y prometíais no reincidir.
Sin embargo habéis retornado a este punto – oh dolor – incitada por el autor de toda deserción y herejía, que ha caído sobre vuestro corazón para seducirlo. En vez de revocar con intención sincera y ortodoxa; lo habéis hecho con corazón hipócrita y solo con palabras.

Por esta razón os proclamamos nuevamente excomulgada, lo cual habéis merecido por la reincidencia en vuestras equivocaciones y herejías. Con esta sentencia declaramos nosotros, encargados de juzgaros, que seréis arrancada como un miembro infectado, a fin de que no contagiéis los demás miembros – y que seréis entregada al brazo civil. Pedimos a la justicia civil que modere su sentencia sobre vos, evitando la mutilación de los miembros. Y si quedase en evidencia un signo de verdadero arrepentimiento, os será otorgado el sacramento de la penitencia.


Locutor: Juana es entregada a la justicia civil.

Un soldado: ¡Id, id!



Escena 12: La muerte de Santa Juana de Arco.

Juana: ¡Dios mío, ven en mi auxilio! ¡Jesús, Catalina, Miguel! ¡Vosotros Santos en el cielo, acoged mi alma! ¡Os pido que me amparéis!

Padre, creo en ti; en ti, Hijo; en ti, Espíritu Santo y la Santa Iglesia Católica. Soy una hija de Dios.

¡Rouen, Rouen, temo mucho que tendrás que sufrir por mi muerte!

Voces rudas: ¿Cuánto más tenemos que esperar? ¿Acaso vamos a almorzar aquí? ¡Verdugo, ejerce tu labor!

Juana es llevada a la hoguera.

Juana: ¡Dios mío, por tu amor perdóname todos mis errores y pecados; y perdonadme también vosotros, los que me oís! ¡Orad por mí! ¡También yo os perdono todo lo que me habéis hecho, Oh Dios mío! – llora amargamente

¡Traedme una cruz! ¿Quién me trae una cruz?

¡Mis voces no me han engañado! Venían de Dios; ¡todo lo he hecho según sus preceptos!

¡Traed por favor una cruz de la Iglesia y ponedla ante mis ojos!

Jésus, Jésus, Jèsus, Jésus, Jésus, Jésus, Jésus …..

Juana muere

Voces: Ay de mí, hemos matado una Santa!

¡Si solo podría estar allí donde descansa ahora su alma!




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