La ordenación sacerdotal de Benedicto

Misa primicia de nuestro Padre Benedicto



¡Al fin llegó el 29 de Junio, el gran día de la ordenación de nuestro hermano Benedicto para nuestra comunidad Agnus Dei!

La ceremonia fue llevada a cabo por manos de nuestro nuevo Obispo, Monseñor Bertram, con quien nos une un lazo muy profundo de amistad. ¡Qué  alegría y qué honor!

Las primeras Santas Misas con nuestro Padre Benedicto fueron un gran regalo para todos nosotros, pues ya en sus primeras celebraciones nos hizo percibir que Dios le ha otorgado un fino sentido para la Liturgia.

Desde ese momento la aproximación de la visita de nuestro Santo Padre llegó  a ser nuestro tema principal, y todo Ecuador parecía estar a la espera del Pastor supremo de la Iglesia Católica.
Y cuando por fin llegó,  no le fue difícil llenar de gozo los corazones abiertos de los ecuatorianos, a través de su manera tan agradable de ser.

Junto con los tres  jóvenes yo fui invitado a Guayaquil, donde el Papa celebraría su primera Santa Misa. Nosotros no habíamos sido integrados en el programa oficial, pues no sabíamos antes que estaríamos en el Ecuador durante esta visita pastoral.

Pero gracias a la ayuda de un amigo nuestro muy comprometido, pudimos presentar la oración y entonar algunos cantos, tanto en la vigilia del día anterior de la visita, como también directamente antes de la llegada del Papa al parque Samanes, en la gran urbe de Guayaquil.
Estuvimos muy agradecidos de poder cantar la oración de la iniciativa por la paz, con y para tantas personas (más o menos 1 millón).

En la tarde del mismo día volamos a Quito, donde Harpa Dei había sido invitado a cantar la oración por la paz y presentar la iniciativa a los fieles que se habían congregado en la plaza de San Francisco para esperar allí al Papa.

Yo tuve la dicha de ver a nuestro Santo Padre más de cerca en el Santuario del Quinche el siguiente día, donde había una reuinión de religiosos, Sacerdotes y Seminaristas.
A mí personalmente me tocó muchísimo su presencia, como también sus palabras! En su sermón improvisado recalcó que todo lo hemos recibido gratuitamente del Señor, y de manera especial nuestra vocación, por la cual deberíamos agradecer a diario. Esto lo dijo de una manera tan cariñosa y convincente, que sin duda los corazones de los presentes ardieron como cuando San Pedro, lleno del Espíritu Santo, dio el famoso sermón de Pentecostés.

Seguramente no fui yo el único que abandonó el lugar con mucha gratitud y feliz de que Dios nos haya regalado un Papa así. ¡Estoy convencido de haber visto a un hombre santo! Esto concuerda con su humilde petición a los fieles de orar por él, y su honesta confesión de que también él puede estar tentado de olvidarse desde dónde ha sido llamado y de quién le dado todo.

¡Papa Francisco, un regalo del Señor para la Iglesia y el mundo!

Por supuesto estuve esperando a ver si no se presentaba una ocasión de hacer conocer al Papa nuestra oración y pedirle rezarla. En México yo había pedido a muchas personas que oraran por eso, y la misma intención se la confié a nuestra Señora de Guadalupe. Por esa razón, después de ver que no sucedió como yo se lo había pedido a Ella, le pregunté cuál había sido la razón, pues anteriormente yo estaba casi seguro de que sí se realizaría. Primeramente no obtuve respuesta más que un sutil silencio de su parte, por lo que tuve que educar un poco a mi corazón, para que no me alcanzara una leve decepción que perturbara mi confianza en la Santa Virgen.
Luego me puse a pensar en tranquilidad y me di cuenta de que no habría sido oportuno que el Santo Padre orara públicamente nuestra oración, puesto que sus palabras ni siquiera rozaron la temática de la violencia, sino que giraban más bien en torno a aspectos que debían fortalecer al pueblo.

Con estos pensamientos entró la paz en mi corazón y el agradecimiento por la posibilidad que la visita papal nos había brindado de alcanzar a tantas personas con nuestro mensaje de la no violencia. También con respecto a la Virgen de Guadalupe se tranquilizó mi corazón.

Llegó el tiempo de regresar a Europa, no sin antes hacer una breve estadía de unas horas en México, donde cantamos una Santa Misa y una Hora Santa en la parroquia del “Corazón inmaculado de María y San José Obrero”. El evento había sido bien organizado y los fieles llegaron vestidos de blanco, como signo de la paz, y supieron acoger el mensaje con un corazón abierto.

En la misma noche un avión de British Airways nos llevó a Bruselas, después de unas horas de parada en Londres.

Gracias, Señor, por todas las gracias que nos das en este servicio. En referencia a nuestro Santo Padre Francisco y al Evangelio cito la frase: Gratuitamente lo habéis recibido, dadlo pues gratuitamente.

¡Gracias a todos aquellos que nos acompañaron con sus oraciones!

Bélgica, 11 de Julio, Día de San Benito.

El Papa Fransisco en el Campo Samanes